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martes, 22 de diciembre de 2009

TRATADOS HERMETICOS -- TRATADO VIII

TRATADOS HERMETICOS

TRATADO VIII

NADA SE PIERDE[1]

Y ERRÓNEAMENTE SE LLAMA A LOS CAMBIOS MUERTE Y DESTRUCCION

1.

En cuanto al alma y al cuerpo, hijo mío, conviene decir ahora de qué manera el alma es inmortal y de qué especie es la fuerza que causa el aglomerado del cuerpo y su disolución[2], pues la muerte no tiene nada que ver con ninguna de esas cosas[3], sino que es un concepto forjado a partir de la palabra inmortal, ya sea por ficción, ya sea por privación de la primera letra[4], la palabra thanatos en lugar de athanatos. Pues la muerte pertenece a la categoría de la aniquilación y nada de lo que está en el mundo es aniquilado. En efecto, si el mundo es un segundo Dios y un viviente inmortal, es imposible que una parte cualquiera de ese viviente inmortal pueda morir: todo lo que está en el mundo es parte del mundo y sobretodo el hombre, el animal razonable.

2.

En realidad, a la cabeza de todos los seres vivientes está Dios, eterno, inengendrado, creador del universo; en segundo lugar viene aquél que fue hecho por el Primero a su imagen y que por él es conservado, alimentado y dotado de inmortalidad en tanto ha surgido de un padre eterno, y en tanto que inmortal, vive sin fin.

El viviente sin fin no es lo mismo que el eterno[5]. Dios no ha sido engendrado por nadie y en caso de que lo haya sido, lo ha sido en sí mismo. Pero la verdad es que Él jamás ha sido engendrado: Él se engendra eternamente, el Padre, en tanto nacido de sí mismo, es inmortal, el cosmos, habiendo surgido del Padre, ha nacido inmortal[6].

3.

Y toda la materia que él tenía guardada por su voluntad[7], a ese todo, el Padre dio forma de cuerpo[8], y después de darle volumen, le dio figura esférica, atribuyéndole esa misma cualidad: que la materia también fuese inmortal y que su materialidad fuera eterna.

Primeramente, después de haber diseminado las cualidades de las formas específicas en el interior de la esfera[9], el Padre las encerró allí como dentro de un antro[10], queriendo adornar con todas esas cualidades al ser así cualificado merced a sus cuidados, y envolvió de inmortalidad al cuerpo entero[11] a fin de que, si la materia quería separarse del conglomerado corporal, no pudiese disolverse en el desorden que le es propio. Pues, cuando la materia todavía no estaba formada en un cuerpo, hijo mío, estaba en desorden e, incluso aquí abajo, conserva la facultad de aumentar y la facultad de disminuir, que los hombres llaman muerte.

4.

Este desorden no se produjo más que entre los vivientes terrestres, pues los cuerpos de los vivientes celestes tienen un único orden, aquél que el Padre les asignó desde el principio, y este orden se ha conservado indisoluble por el retorno de cada uno de ellos a su lugar primero[12]. En cuanto al retorno de los cuerpos terrestres a su lugar primero, consiste en la disolución del conglomerado, y esta disolución consiste en el retorno a los cuerpos indisolubles, es decir, a los cuerpos inmortales: en verdad, se produce una pérdida de la conciencia, pero no una aniquilación de los cuerpos[13].

5.

El tercer viviente es el hombre, que ha sido hecho a imagen del mundo y que, a diferencia de los restantes animales terrestres, posee el intelecto según la voluntad del Padre, y no solamente está unido al segundo Dios por un vínculo de simpatía, sino que, además, toma inteligencia del primer Dios[14]. A aquél lo percibe como cuerpo por la sensación, a éste, al Bien, lo aprehende por la inteligencia, como incorporal e intelecto[15].

TAT: Este viviente, pues, ¿no es aniquilado?

HERMES: Habla bien, hijo mío, y concibe lo que es Dios, lo que es el mundo, lo que es un viviente inmortal y lo que es un viviente disoluble, y comprende que el mundo viene de Dios y está en Dios, y que el hombre viene del mundo y que él está en el mundo, y que Dios es quien causa, agrupa y mantiene juntas a todas las cosas[16].



[1] García i Amat traduce “Que ningún ser perece...”, en “Obras Completas”, Ed. Continente.

[2] O bien, “...de la constitución del cuerpo y de su descomposición”, en L. Menard, “Los Libros de Hermes Trismegisto”, Ed. Edicomunicación.

[3] O bien, “Pues la muerte no existe...”, Id.

[4] O bien, “la palabra mortal está desprovista de sentido, o no es otra cosa que la palabra inmortal que ha perdido su primera sílaba.”, Id.

[5] O bien, “La inmortalidad difiere de la eternidad”, Id.

[6] O bien, “Quien dice eterno dice universal. El Padre es eterno por Sí mismo, el mundo ha recibido del Padre la vida perpetua y la inmoralidad.”, Id.

[7] O bien, “De toda la materia que tenía bajo su poder...”, Id.

[8] O, directamente, “el Padre hizo el cuerpo del universo...”, Id.

[9] O bien, “Poseyendo la plenitud de las formas, el Padre expandió los atributos en la esfera...”, Id.

[10] La comparación del mundo con un antro es ampliamente desarrollado por Porfirio en El Antro de las Ninfas, Id.

[11] O bien, directamente, “Él rodeó de inmortalidad el cuerpo del universo...”, Id.

[12] O bien, “a través de la restitución de cada uno de ellos”, Id.

[13] O bien, “La restitución mantiene a los cuerpos terrestres, su disolución los restituye a los cuerpos indisolubles, es decir inmortales, y así hay privación de sensación y no destrucción de los cuerpos”, Id.

[14] O bien, “se encuentra en relación a través de la sensación con el segundo Dios, por el pensamiento con el primero”, Id.

[15] O bien, “percibe a uno como corporal, al otro como el Ser incorporal, la Inteligencia y el Bien”, Id.

[16] O bien, “El principio, la perfección y la permanencia de todas las cosas es Dios.”, Id.

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