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martes, 22 de diciembre de 2009

TRATADOS HERMETICOS -- TRATADO IX

TRATADOS HERMETICOS

TRATADO IX

SOBRE EL PENSAMIENTO[1] Y LA SENSACIÓN.

LO BELLO Y LO BUENO SOLO EXISTEN EN DIOS Y EN NINGUNA OTRA PARTE

1.

Ayer, Asclepios, di a conocer mi Discurso Perfecto[2], hoy entiendo que es necesario, como continuación de ese discurso, exponer también la doctrina de la sensación. En efecto, según la opinión común, sensación e intelección[3] difieren en que una es de naturaleza material y la otra de naturaleza esencial.

Mi opinión, por el contrario, es que las dos no son más que uno y no entrañan distinción alguna entre los hombres; pues si, en los otros animales, la sensación está unida a la naturaleza, entre los hombres se añade además la intelección[4]. El intelecto difiere de la intelección en la misma medida que Dios de la actividad divina[5]. En efecto: la actividad divina está producida por Dios[6] y la intelección está producida por el intelecto[7] y es hermana del discurso[8], o mejor, intelección y discurso son instrumentos el uno del otro, toda vez que ni el discurso puede ser enunciado sin intelección ni la intelección puede ser manifestada sin discurso[9].

2.

La sensación y la intelección han confluido en el hombre, casi enlazadas la una con la otra[10], pues el conocimiento intelectual no es posible sin sensación ni la percepción sensible lo es sin intelección. Pero, ¿es posible concebir una intelección sin sensación como cuando se representan visiones imaginarias durante los sueños?[11] A mi me parece que, durante la visión de los sueños, esas dos facultades desaparecen, mientras que en estado de vigilia, la intelección permanece siempre unida a la sensación[12]. La sensación se encuentra repartida entre el cuerpo y el alma y, cuando las dos partes de la sensación se juntan por común acuerdo, entonces la intelección, después de haber sido alumbrada por el intelecto, es enunciada por la palabra[13].

3.

En efecto: el intelecto alumbra todos los conceptos[14], los conceptos buenos cuando ha recibido de Dios la simiente, y los conceptos contrarios cuando las ha recibido de un ser demoníaco, pues no hay parte alguna del mundo en la que no habite un genio[15] que, insinuándose en el intelecto[16], siembra la semilla de su propia energía.

Entonces el intelecto alumbra lo que en él ha sido sembrado: adulterios, crímenes, crueldad con los padres[17], sacrilegios, actos de impiedad, suicidios por ahorcamiento[18] o despeñamientos por precipicios y otras cosas parecidas que son obra de los démones.

4.

En cuanto a las simientes de Dios, son poco numerosas, pero grandes, y bellas, y buenas: la virtud, la templanza y la piedad. La piedad es el conocimiento de Dios[19] y quien ha aprendido a conocer a Dios, lleno como está de todos los bienes, obtiene sus intelecciones del propio Dios[20], y no se parecen a las del vulgo. De ahí que quienes están en el conocimiento[21] no gusten al vulgo y que a ellos no les satisfaga el vulgo. Parecen locos[22] y están expuestos al hazmerreír público, se les odia y desprecia e incluso se les llega a dar muerte.

Como he dicho, el mal ha de habitar necesariamente aquí abajo, pues aquí abajo tiene su propia morada: su morada es la tierra, no el mundo como dicen algunos con la voluntad de blasfemar. Sin embargo, el hombre piadoso, lo sabrá soportar todo, porque ha tomado conciencia del conocimiento[23]. Para un hombre así todas las cosas son buenas, incluso aquéllas que para los demás son malas. Si contra él se urden acechanzas lo reduce todo al conocimiento[24], y entre los hombres es el único que sabe tornar los males en bienes.

5.

Vuelvo de nuevo a la doctrina de la sensación. Lo propio del hombre es que en él se de la unión íntima de la sensación y de la intelección[25], pero como antes he dicho, no todo hombre disfruta de la intelección, porque hay dos tipos de hombres: el material y el esencial.

Uno de ellos, el material, asociado al mal, obtiene de los démones, según dije, la simiente de la intelección[26]. Los otros están asociados esencialmente al bien y Dios los mantiene a salvo. Dios, fabricante del universo, cuando fabrica a todos los seres, los hace semejantes a sí mismo pero éstos, que han sido creados buenos, se acaban diferenciando por la manera en que usan de su actividad[27].

El movimiento del mundo, por su fricción, otorga tal o cual cualidad a las generaciones[28], manchando a unos con malicia y purificando a otros con el bien. Pues el mundo, oh Asclepios, también tiene su propia sensación y su propio intelecto, no iguales a las del hombre, ni tan sujetas a la diversidad, sino, en general, más fuertes y más simples[29].

6.

El cosmos[30] tiene una única sensación[31] e intelección: hacer y deshacer todas las cosas en sí mismo[32], como instrumento de la voluntad de Dios, pues ha sido creado con forma de instrumento para conservar en su seno todas las simientes que ha recibido de Dios, para producir eficazmente a todos los seres y, tras disolverlos a todos, los renueva y, a continuación, a los seres que fueron disueltos[33], como un buen sembrador de vida, por las mutaciones que entraña su propio movimiento, les procura a todos la renovación.

No importa que el mundo no engendre la vida: con su movimiento vivifica a todos los seres y es, a la vez, lugar y creador de la vida.

7.

Todos los cuerpos están hechos de materia pero de diversa manera, unos son de tierra, otros de agua, de aire o de fuego. Todos son cuerpos compuestos según una fórmula más compleja o más simple. Los más complejos son los cuerpos más pesados, los más simples, los cuerpos más ligeros.

La rapidez de movimientos del mundo causa la diversidad cualitativa de las generaciones[34]. Pues el aliento del mundo, sucediéndose sin interrupción, ofrece incesantemente a los cuerpos nuevas cualidades, y no hay más que un único todo: el todo de la vida[35].

8.

Por tanto, Dios es el padre del mundo y el mundo es el padre de los seres que están en el mundo; el mundo es el hijo de Dios y los seres que están en el mundo han surgido del mundo[36].

Con pleno derecho el mundo ha sido llamado cosmos[37], pues con la unión de los seres él compone un orden con la diversidad de la generación[38], por la continuidad de la vida, por la infatigable constancia de su operación[39], por el rápido movimiento de la necesidad[40], por la combinación de los elementos y por el buen orden de todo lo que viene al ser. Por tanto, es de necesidad y es conveniente que el mundo sea llamado CosmoV[41]..

Por lo tanto, entre todos los vivientes, la sensación y la intelección proceden de fuera, como una brisa surgida de la atmósfera[42], pero el mundo las recibió todas a la vez en el instante en que vino al ser, y de Dios las ha recibido, y las obtiene de Dios.

9.

En cuanto a Dios, no está desprovisto de sensación y de intelección[43], como algunos pensarán, blasfemando en un exceso de reverencia, pues todos los seres que existen, oh Asclepios, son en Dios[44], están producidos por Dios y dependen de lo alto, ya ejerzan su actividad por medio de los cuerpos, ya sean movidos por una sustancia psíquica, ya sean vivificados por medio de un soplo o ya reciban en sí todo lo que está muerto: es razonable que esto sea así[45]. Y digo más, Dios no los contiene sino que, a decir verdad, Él es todos los seres; no los añade a sí mismo desde fuera, es Él quien los da de sí mismo y los produce[46]. En esto consiste la sensación y la intelección en Dios: mover siempre todos los seres[47].

Y jamás llegará el tiempo en que nada de cuanto existe sea abandonado[48]; en efecto, cuando digo “de cuanto existe” quiero decir “de Dios”[49], toda vez que Dios contiene en sí mismo todo cuanto existe, nada está fuera de Él y Él no está fuera de nada.

10.

Si posees la inteligencia, Asclepios, estas cosas te parecerán verdaderas, pero si no tienes el conocimiento te parecerán increíbles[50]. Pues tener fe es haber hecho un acto de inteligencia, y estar falto de fe es estar falto de inteligencia. El discurso no llega hasta la verdad pero el intelecto es poderoso, y después de haber sido guiado hasta cierto punto del camino por el discurso puede avanzar, por sí mismo, hasta la verdad.

Entonces, después de abrazar con una sola mirada a todos los seres, al comprender que todo está de acuerdo con lo explicado por el discurso, ha creído y ha encontrado su reposo en esta bella creencia[51]. A quienes, gracias al don de Dios, han comprendido, estas palabras serán creíbles, pero son increíbles para aquéllos que no las han comprendido[52].

Con esto es suficiente en lo que concierne a la intelección y la sensación.



[1] García i Amat traduce como “intelección”, en “Obras Completas”, Ed. Continente.

[2] L. Menard traduce como “discurso de iniciación”, en “Los Libros de Hermes Trismegisto”, Ed. Edicomunicación. Se trata del “Asclepios”, que constituye el Libro II del Corpus Hermeticum.

[3] O bien, “pensamiento”, Id.

[4] O bien, “En los demás animales es la sensación, y en el hombre es el pensamiento el que está unido a la Naturaleza”, Id.

[5] O bien, “El pensamiento difiere de la inteligencia como la divinidad difiere de Dios...”, Id.

[6] O bien, “la divinidad nace de Dios”, Id.

[7] O bien, “el pensamiento nace de la inteligencia”, Id.

[8] Menard traduce como “palabra”, Id.

[9] O bien, “Toda palabra expresa un pensamiento y todo pensamiento se manifiesta por la palabra”, Id.

[10] O bien, “La sensación y el pensamiento tienen, pues, en el hombre una influencia recíproca y se encuentran indisolublemente unidos”, Id.

[11] O bien, directamente, “Sin embargo puede suponerse un pensamiento sin sensación, como las imágenes fantásticas que se ven en sueños”, Id.

[12] O bien, “pero me parece que ambas acciones se producen en el sueño, y que la sensación excitada pasa del sueño al estado de vigilia”, Id.

[13] O bien, “Cuando las dos partes de la sensación están de acuerdo, entonces se expresa el pensamiento concebido por la inteligencia”, Id.

[14] O bien, “la inteligencia concibe todos los pensamientos”, Id.

[15] O bien, directamente, “Ninguna parte del mundo está vacía de demonios, hablo de demonios separados de Dios”, Id.

[16] O bien, “aquel que entra en nosotros y siembra...”, Id.

[17] O bien, directamente, “ los parricidios”, Id.

[18] O bien, “las opresiones”, Id.

[19] Esta definición es tomada por Lactancio (Lactancio, II, 15). Id.

[20] Menard traduce “concibe pensamientos divinos y diferentes de los de la muchedumbre”, Id.

[21] O bien, “Gnosis”, Id.

[22] O bien, “se los considera insensatos”, Id.

[23] O bien, “por la posesión de la Gnosis”, Id.

[24] O bien, “Sus meditaciones llevan todo a la Gnosis”, Id.

[25] O bien, “La unión íntima entre la sensación y el pensamiento forma el carácter del hombre”, Id.

[26] O bien, “Los malos son materiales y reciben de los demonios la semilla de sus pensamientos”, Id.

[27] O bien, “pero estas creaciones buenas son estériles en la acción”.

[28] O bien, “hace nacer producciones distintas...”, Id.

[29] O bien, “no parecido al hombre ni tan variado, pero superior y más simple”, Id.

[30] Menard traduce “mundo”, Id.

[31] Menard traduce “sentimiento”, Id.

[32] O bien, “crear todas las cosas y hacerlas volver a sí mismo”, Id.

[33] O bien “y su papel es el de recibir las semillas divinas, conservarlas, producir todas las cosas, disolverlas y renovarlas”, Id.

[34] O bien, “produce la variedad de géneros”, Id.

[35] O bien, “su respiración frecuente extiende sobre los cuerpos múltiples atributos junto con la plenitud uniforme de la vida”, Id.

[36] O bien, “quien está en el mundo le está sometido”, Id.

[37]CosmoV, de cosmev”, adornar, Id.

[38] O bien, “porque adorna todo y pone todo en orden a través de la variedad de las especies”, Id.

[39] O bien, “la actividad constante”, Id.

[40] O bien, “la necesidad de movimiento”, Id.

[41] García i Amat traduce, directamente, “Kosmos”, op. cit.

[42] O bien, “viene del exterior, del medio ambiente”, L. Menard, op. cit.

[43] Menard traduce “sentimiento” y “pensamiento”, Op. cit.

[44] O bien, “todo lo existe... está en Dios”, Id.

[45] O bien, “lo que actúa a través de los cuerpos, lo que se mueve a través de la esencia animada, lo que vivifica por el espíritu, lo que sirve de receptáculo a las creaciones muertas, todo esto está en Dios”, Id.

[46] O bien, “Él no saca nada de fuera, hace surgir todo de Él mismo”, Id.

[47] O bien, “El sentimiento, el pensamiento de Dios, es el movimiento eterno del universo...”, Id.

[48] O bien, directamente, “nunca jamás perecerá un ser cualquiera...”, Id.

[49] O bien, “es decir una parte de Dios...”, Id.

[50] O bien, “Estas cosas, oh Asclepios, son verdaderas para quien las comprende; el ignorante no cree en ellas...”, Id.

[51] O bien, “Cuando medita sobre todas las cosas, encontrándolas de acuerdo con las interpretaciones de la palabra, ella cree y descansa en esta fe bienaventurada.”, Id.

[52] O bien, “Los que comprenden las palabras divinas tienen fe, los que no comprenden son incrédulos”, Id.

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