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martes, 22 de diciembre de 2009

TRATADOS HERMETICOS -- TRATADO IV

TRATADOS HERMETICOS

TRATADO IV

EL CRÁTER O LA MONADA

DE HERMES TRISMEGISTO A SU HIJO TAT

1.

Dado que el Demiurgo[1] ha creado el mundo no con las manos sino con la palabra, deberás concebirlo como presente, como siempre existente, como hacedor de todo, el Uno y el Solo, y el que ha creado los seres por su sola voluntad. Su cuerpo no es tangible, ni visible, ni mesurable, ni extenso, ni semejante a ningún otro cuerpo[2]. Pues no es ni fuego, ni agua, ni aire, ni aliento, pero todas las cosas provienen de él.

Y, siendo bueno, no se ha querido consagrar esta ofrenda a él sólo, ni ha querido para él solo adornar la tierra.

2.

Sino que, como adorno del cuerpo divino, ha colocado al hombre, mortal viviente, ornamento del inmortal viviente. Y si el mundo ha prevalecido sobre los vivientes por la eternidad de la vida, el hombre, a su vez, ha prevalecido sobre el mundo por la razón y el intelecto. Ha nacido para contemplar las obras de Dios, admirarlas y conocer a su Autor[3].

3.

En consecuencia, ¡oh Tat!, Dios ha distribuido la razón entre todos los hombres, pero no la inteligencia, no porque haya sentido envidia de alguien, pues la envidia le es ajena, no viene de lo alto sino que se forma aquí abajo, en las almas de los hombres que no poseen intelecto.

TAT: ¿Por qué, entonces, oh padre, Dios no ha repartido la inteligencia entre todos?

HERMES: Porque ha querido, oh hijo mío, colocarla en medio de las almas como un premio a conquistar.

4.

TAT: ¿Y dónde la ha colocado?

HERMES: Con ella ha llenado un gran cráter[4] que ha enviado a la tierra y ha escogido un heraldo con la orden de proclamar estas palabras a los corazones de los hombres: ¡Sumérgete, tú que puedes, en este cráter que te ofrezco, tú, que crees poder alzarte de nuevo hacia Aquél que a la tierra envió el cráter, tú, que sabes por qué has venido al ser![5]

Y los que respondieron a esta proclama y fueron bautizados en la Inteligencia, ésos poseyeron la Gnosis y se convirtieron en los iniciados de la Inteligencia, los hombres perfectos. Los que no comprendieron la proclama, ésos son los logikoi, poseen la razón pero no la inteligencia, e ignoran por qué y para qué han nacido.

5.

Las sensaciones de esos hombres recuerdan a las de los animales irracionales, y como su temperamento permanece en un estado de pasión y deseo, no admiran lo que es digno de ser contemplado, se entregan a los placeres y apetitos del cuerpo y creen que esto es la finalidad del hombre.

Pero los que han tomado parte del don de Dios, éstos, oh Tat, considerando sus obras son inmortales y no ya mortales, porque han abrazado con la inteligencia lo que está sobre la tierra y en el cielo e incluso aquellas que están por encima del cielo. Al haberse elevado de este modo por sí mismos hasta una altura tal, contemplan el Bien, y este espectáculo les hace considerar como una desgracia su estancia aquí abajo. Entonces, desprecian todas las cosas corporales e incorporales y avanzan hacia el Uno y el Solo.

6.

Tal es, ¡oh Tat!, la ciencia del intelecto, la posesión de las cosas divinas y la comprensión de Dios. Tal es el don del cráter divino.

TAT: ¡Yo también quiero ser bautizado, oh padre!

HERMES: Si no empiezas por odiar a tu cuerpo, oh hijo mío, no puedes amarte a ti mismo. Amándote a ti mismo, poseerás la inteligencia y entonces obtendrás la ciencia.

TAT: ¿Qué quieres decir, oh padre?

HERMES: Es imposible, oh hijo mío, apegarse a la vez a las cosas mortales y a las cosas divinas. Los seres son corporales o incorporales, y en ello lo mortal se distingue de lo divino; hay que escoger lo uno o lo otro, porque uno no puede apegarse a los dos a la vez, y cuando se ha hecho una elección, lo que se abandona manifiesta la energía de lo otro[6].

7.

De ahí que la elección de lo mejor, en tanto que diviniza al hombre, no sólo sea la elección más gloriosa para el que la ha hecho, sino que también manifiesta la piedad para con Dios. Por el contrario, una mala elección es la pérdida del hombre, y si para los demás no ha sido una ofensa contra Dios, sí lo ha sido para ése; y como ocurre con las procesiones que avanzan por entre la multitud sin ser capaces de producir nada por sí mismas y estorbando la marcha de los demás, de modo parecido aquellos hombres no hacen más que desfilar por el mundo impulsados por las voluptuosidades corporales[7].

8.

Esto es así, ¡oh Tat!, tenemos y siempre tendremos a nuestra disposición lo que viene de Dios, no tenemos más que tomarlo sin tardanza. Pero que no falte y esté al alcance lo que nos corresponde a nosotros, pues Dios no es responsable de nuestros males: nosotros somos los responsables en tanto que los preferimos al Bien. ¿Ves, oh hijo mío, por cuántos cuerpos hemos de pasar, cuántos coros de démones, qué sucesión continua y cuántos cursos astrales, para llegar al Uno y Solo? El bien es inaccesible, infinito e ilimitado; para Él mismo no tiene comienzo alguno, más para nosotros parece tener uno que es la Gnosis[8].

9.

El conocimiento no es precisamente el principio del Bien, sólo nosotros le damos un comienzo en tanto que objeto a conocer[9]. En consecuencia, debemos aferrarnos a ese principio y recorrerlo con presteza: tortuoso camino es el abandonar los objetos familiares y presentes y deshacer el camino hacia las cosas primigenias y primordiales[10]. Las apariencias nos atraen y rechazamos creer en lo invisible[11]. Las cosas malas son muy aparentes a los ojos pero el Bien, por el contrario, es invisible a los ojos visibles, porque no tiene ni forma ni figura y, por esta razón, siendo semejante a sí mismo es distinto de todo lo demás: es imposible que un incorporal se torne aparente a un cuerpo[12].

10.

He aquí en qué lo parecido se distingue de lo diferente, y en qué lo diferente es inferior a lo parecido[13]. La mónada[14], al ser principio y raíz de todas las cosas, existe en todas las cosas en tanto raíz y principio. Nada existe sin principio, y en cuanto al principio mismo, no deriva de nada más que de él mismo porque él es, efectivamente, principio de todo lo demás. Al ser principio, la mónada contiene todos los números y no es contenida por ninguno, y engendra todo número sin ser engendrada por número alguno.

11.

Todo lo que es engendrado es imperfecto, divisible, extensible y reducible, pero nada de esto afecta a lo perfecto. Lo que pude crecer crece por la mónada, y sucumbe a su propia debilidad al no ser capaz de contener la mónada.

He aquí, ¡oh Tat!, la imagen de Dios, en la medida en que puede ser representada. Si la contemplas atentamente y si la comprendes con los ojos del corazón, créeme, hijo mío, encontrarás el camino de la ascensión, o mejor dicho esta imagen misma te conducirá. Porque la contemplación posee una virtud propia: toma posesión de aquéllos que han contemplado una vez, encadena y atrae, del mismo modo que el imán, se dice, atrae hacia sí al hierro.



[1] O bien, “El Gran Obrero”, Louis Menard, en “Los Libros de Hermes Trismegisto”, Ed. Edicomunicación.

[2] O bien, “Éste es verdaderamente su cuerpo, que no se puede tocar, ni ver, ni medir, carente de dimensión...”, García i Amat, en “Obras Completas”, Ed. Continente.

[3] O bien, “En efecto: el hombre se ha tornado contemplador de la obra de Dios, ha quedado maravillado y ha aprendido a conocer al Creador”, García i Amat, op. cit.

[4] O bien, “una gran crátera”, García i Amat, op.cit.

[5] O bien, “Bautizaos, si podéis, en el cráter, aquellos que creéis que volveréis al que lo ha enviado, aquellos que sabéis por qué habéis nacido”, id.

[6] O bien, “y allí donde no queda sino escoger el defecto de uno manifestará la potencia activa del otro”, García i Amat, op. cit.

[7] O bien, “Una mala elección es la pérdida del hombre, pero sin perjudicar a Dios; únicamente, que, como esos paseantes ociosos que estorban los caminos, se pasa a través del mundo arrastrado por los placeres del cuerpo”, L. Menard, op. cit.

[8] O bien, “El Bien es infranqueable, ilimitado y sin final y, en lo que a él concierne, sin comienzo alguno, aunque a nosotros nos parezca que tiene un principio cuando empezamos a conocerlo”, García i Amat, op. cit.

[9] O bien, “La Gnosis no es precisamente el principio del Bien, pero es por ella como llegamos a El”, L. Menard, op cit.

[10] O bien, “Tomémosla, pues, como guía, y avanzaremos a través de todos los obstáculos. Es difícil abandonar las cosas presentes y acostumbradas para volver a las antiguas rutas”, L. Menard, op cit.

[11] O bien, “Lo que aparece ante nuestros ojos nos deleita, y lo inaparente nos hace dudar”, García i Amat, op. cit.

[12] O bien, “Lo incorporal no puede manifestarse al cuerpo”, L. Menard, op. cit.

[13] O bien, “Tal es la diferencia entre lo semejante y lo distinto y la deficiencia que afecta al distinto con respecto al semejante”, García i Amat, op. cit.

[14] L. Menard traduce “la unidad”, op. cit.

TRATADOS HERMETICOS -- TRATADO III

TRATADOS HERMETICOS

TRATADO III

DISCURSO SAGRADO

1.

Dios, Gloria de todas las cosas, lo divino y la naturaleza divina.

Dios, Principio de todos los seres, la inteligencia, la naturaleza y la materia. La sabiduría manifiesta del universo[1] del que lo divino es el principio, la naturaleza, energía, necesidad, fin y renovación.

Existía una oscuridad sin límites en el abismo y en el agua, y un espíritu sutil e inteligente, contenidos en el caos por el poder divino[2].

Entonces, una luz santa se elevó y, desligándose de la sustancia húmeda, los elementos se condensaron, y todos los dioses dividieron los seres de la naturaleza germinal[3].

2.

Cuando todas las cosas eran indefinidas y no formadas[4], los elementos ligeros se separaron de los otros dirigiéndose hacia lo alto, y los elementos pesados reposaron sobre el fundamento de la tierra húmeda; todo el universo fue dividido en sus partes bajo la acción del fuego, y fue mantenido en suspensión para poder ser vehiculado por el soplo[5].

Y en el cielo aparecieron siete círculos, y los dioses se manifestaron en forma de astros, con todas sus constelaciones[6], y la (naturaleza superior) fue ajustada, según sus articulaciones, con los dioses que contenía en sí misma[7]. Y el aire envolvió al círculo exterior[8], llevado en su curso circular por el aliento divino.

3.

Y cada dios, según su poder, realizó la obra que le había sido asignada, y así nacieron los animales cuadrúpedos, y los que reptan, y los animales acuáticos, y los que vuelan, y toda semilla fecunda, y la hierba, y los tiernos brotes de toda flor que poseyera en sí mismo la simiente de la reproducción.

Y sembraron también las generaciones de los hombres para conocer las obras divinas y dar un testimonio activo de la Naturaleza[9], para acrecentar el número de hombres, para reinar sobre todo cuanto existe bajo el cielo y reconocer el bien[10], para crecer en tamaño y multiplicarse en multitud, y toda alma envuelta en carne por el curso de los dioses circulares[11], para contemplar el cielo, el curso de los dioses celestes, las obras divinas y las energías de la Naturaleza, y para distinguir los bienes, para conocer el poder divino, para aprender a discernir el bien y el mal, y descubrir todas las artes útiles.

4.

A partir de entonces comenzó para ellos la vida humana y la adquisición de sabiduría, conforme a la suerte que les fue asignada por el curso de los dioses cíclicos, y lo que quede de ellos se disolverá tras dejar sobre la tierra los grandes monumentos de sus industrias. Su vida y su sabiduría están regidas desde el origen por el curso de los dioses circulares y en él se resuelven.

Y habrá grandes y memorables obras sobre la tierra, dejando la destrucción a la renovación de los tiempos. Y toda generación de carne animada y de semilla de frutos, y todas las obras perecederas serán renovadas por la necesidad y la renovación de los dioses, y la marcha periódica y regular de la Naturaleza, y el curso de la naturaleza será regulado por el número.

Porque lo divino es el orden del mundo y su renovación natural, y la Naturaleza se encuentra establecida en lo divino[12].



[1] O bien, “pues él es la sabiduría para la revelación de todas las cosas”, García i Amat, “Obras Completas”.

[2] O bien, “y todo esto existía en el caos por la potencia divina”, Id.

[3] O bien, “los elementos surgieron de la esencia húmeda, y todos los dioses desenmarañaron la Naturaleza fecunda”, L. Menard, “Los Libros de Hermes Trismegisto”.

[4] O bien, “Estando el universo en la confusión y el desorden”, Id.

[5] O bien, “... siendo separadas todas las cosas por el fuego y suspendidas para ser elevadas por el Espíritu”, Id.

[6] Menard traduce “caracteres”, op. cit.

[7] Menard traduce, simplemente “y los astros fueron contados con los dioses que están en ellos”, op.cit.

[8] O bien, “Y el círculo envolvente giró en redondo en el aire...”, García i Amat, op. cit.

[9] O bien, “y testimoniar la energía de la Naturaleza”, Menard, op. cit.

[10] O bien, “las cosas buenas”, García i Amat, op. cit.

[11] O bien, “cíclicos”, García i Amat, op. cit.

[12] O bien, “Pues lo divino es la entera combinación cósmica renovada por la naturaleza, pues también en lo divino la naturaleza ha obtenido su solio”, García i Amat, op. cit.

TRATADOS HERMETICOS -- TRATADO II

TRATADOS HERMETICOS

TRATADO II

DISCURSO UNIVERSAL

1.

HERMES: Todo móvil, oh Asclepios, ¿no es movido en algo y por algo?[1]

ASCLEPIOS: Ciertamente.

HERMES: Y, ¿el móvil no es necesariamente menos grande que el lugar del movimiento?[2]

ASCLEPIOS: Necesariamente.

HERMES: ¿Y el motor no es más fuerte que el móvil?

ASCLEPIOS: Con seguridad.

HERMES: ¿Y no te parece que el lugar del movimiento ha de ser necesariamente de una naturaleza contraria a la del móvil?

ASCLEPIOS: En efecto, así me parece.

2.

HERMES: ¿No es este mundo tan grande que no hay cuerpo más grande que él?

ASCLEPIOS: Ciertamente.

HERMES: ¿Y acaso no es compacto, porque está lleno de un gran número de cuerpos, o más bien por todos los cuerpos que existen?

ASCLEPIOS: Así es.

HERMES: ¿Y el mundo, no es un cuerpo?

ASCLEPIOS: Lo es.

HERMES: ¿Y es un móvil?

3.

ASCLEPIOS: Sí.

HERMES: ¿Cuál debe ser, pues, el lugar de su movimiento y de qué naturaleza? ¿No tiene que ser mucho más grande que el mundo, para que éste pueda moverse sin ser retenido ni detenido en su marcha?[3]

ASCLEPIOS: Ha de ser algo inmenso, ¡oh, Trismegisto!.

4.

HERMES: ¿Y de qué naturaleza ha de ser ese lugar? De una naturaleza opuesta, ¿no es así? Y lo opuesto al cuerpo, ¿no es acaso lo incorpóreo?

ASCLEPIOS: Estoy de acuerdo.

HERMES: Por lo tanto, el lugar ha de ser incorpóreo. Pero lo incorporal sólo puede ser alguna cosa divina o Dios. Llamo divino a lo que no es engendrado, sino a lo que es increado.

5.

Por tanto, si lo incorporal es alguna cosa divina, ha de tener la naturaleza de la esencia, y si es Dios, ni tan solo tiene esencia[4]. Además ha de ser inteligible y ahora te diré cómo: para nosotros Dios es el primer objeto del pensamiento, pero Él no es objeto de pensamiento para sí mismo –toda vez que el objeto del pensamiento ha de caer ante los sentidos del que lo piensa-. Por consiguiente, Dios no es objeto de pensamiento para sí mismo, pues no es algo distinto del objeto pensado, ya que Él se piensa a si mismo[5].

6.

Con nosotros sucede lo contrario: Dios es algo distinto y por eso es objeto de pensamiento para nosotros. Por tanto, si el lugar es objeto de pensamiento no lo es en tanto Dios, sino en tanto lugar, e incluso, considerándolo como Dios, tampoco lo será en tanto lugar sino en tanto energía capaz de contener las cosas. Todo móvil es movido no en algo que se mueve sino en algo que está en reposo, y el motor también ha de estar en reposo, pues le es imposible ser movido con lo que él mueve[6].

ASCLEPIOS: Entonces, oh Trismegisto, ¿cómo son movidas las cosas de aquí abajo por las cosas que las mueven? Pues he oído decir que las esferas de los planetas son movidas por la esfera de los fijos[7].

HERMES: Este no es un movimiento compartido, oh Asclepios, sino un movimiento opuesto, pues las esferas no son movidas por medio de un movimiento uniforme sino a partir de movimientos opuestos el uno al otro, y esta oposición implica un punto fijo de equilibrio para el movimiento[8].

7.

Pues la resistencia es detención del movimiento[9]; en las esferas de los planetas, al ser movidas en sentido contrario a la esfera fija, su movimiento inverso es producido por la resistencia que ellas se oponen entre sí, y no puede ser de otra forma. ¿Acaso no ves que las dos Osas no tienen ni levante ni poniente y que giran siempre en torno al mismo centro? ¿O son inmóviles?

ASCLEPIOS: Son movidas, oh Trismegisto.

HERMES: ¿Por qué movimiento, oh Asclepios?

ASCLEPIOS: Giran sin cesar en torno al mismo centro.

HERMES: Efectivamente, y una revolución en torno a un centro es un movimiento contenido por la inmovilidad[10]. Porque el movimiento circular impide la separación, y la separación detenida se fija en el movimiento circular. La oposición de estos dos movimientos produce un estado estable, siempre mantenido por las resistencias mutuas[11].

8.

Voy a darte un ejemplo tomado de los objetos terrestres. Mira a los animales, y al mismo hombre, cuando nadan, por ejemplo: la resistencia de los pies y de las manos los mantienen estables impidiendo que sean arrastrados por el agua.

ASCLEPIOS: Ese ejemplo es muy claro, oh Trismegisto.

HERMES: Por tanto, todo movimiento es producido en la inmovilidad y por la inmovilidad. Así, el movimiento del mundo y el de todo ser viviente material no procede de causas exteriores al cuerpo sino de causas interiores que operan desde dentro hacia fuera, es decir, desde los inteligibles, ya sea el alma, el soplo[12] o cualquier otro incorporal. Pues un cuerpo no puede mover un cuerpo animado ni, en general, ninguna especie de cuerpo, ni siquiera los inanimados.

9.

ASCLEPIOS: ¿Por qué dices esto, oh Trismegisto? ¿Acaso la madera, las piedras y todos los demás cuerpos inanimados no son movidos por los cuerpos?

HERMES: En absoluto, oh Asclepios. Es aquello que está dentro del cuerpo motor de la cosa inanimada y no el cuerpo en sí lo que se mueve, al mismo tiempo, los dos cuerpos, el cuerpo que lleva y el cuerpo que es llevado; por esa razón un inanimado no puede mover a otro inanimado[13]. Todo motor es animado puesto que produce el movimiento. Considera entonces la extrema carga del alma cuando, ella sola, ha de conducir dos cuerpos[14]. Por tanto, es evidente que los objetos son movidos en algo y por algo[15].

10.

ASCLEPIOS: ¿Es el vacío el lugar donde se produce el movimiento, Trismegisto?

HERMES: Cuidado con lo que dices, Asclepios. Ninguno de los seres que existen está vacío[16], en razón de su misma realidad, pues el ser que es no podría ser un ser que es si no estuviese lleno de realidad[17]: lo que es no puede nunca estar vacío.

ASCLEPIOS: ¿Pero acaso no hay ciertos objetos que están vacíos, por ejemplo un vaso vacío, un barril vacío, un pozo vacío, un cofre y cosas parecidas?

HERMES: ¡Qué inmenso error, Asclepios! ¡Decir que está vacío lo que está completamente lleno y colmado!

11.

ASCLEPIOS: ¿Qué quieres decir, Trismegisto?

HERMES: ¿Acaso el aire no es un cuerpo?

ASCLEPIOS: Lo es, ciertamente.

HERMES: ¿Acaso ese cuerpo no penetra todas las cosas y las llena? ¿Acaso todo cuerpo no se compone de los cuatro elementos? Todas esas cosas, que tú dices que están vacías, están llenas de aire y, en consecuencia, de los otros elementos. Y así, en sentido inverso, podemos decir que lo que tú crees lleno está vacío de aire, porque la presencia de otros cuerpos no permite que el aire ocupe el mismo espacio. Por tanto, de las cosas que dices que están vacías debieras decir que están huecas, no vacías, pues en razón de su misma realidad están llenas de aire y de aliento[18].

12.

ASCLEPIOS: Esta conclusión es irrefutable, oh Trismegisto; el aire es un cuerpo, y este cuerpo penetra todo, llena todo lo que penetra. ¿Pero qué diremos del lugar en que se mueve el universo?

HERMES: Que es incorporal, oh Asclepios.

ASCLEPIOS: ¿Y qué es, pues, lo incorporal?

HERMES: Un intelecto que en su totalidad se contiene por completo a sí mismo[19], libre de todo cuerpo, inerrante[20], impasible, intangible, inmutable en su propia estabilidad[21], contenedor de todos los seres[22], a los cuales conserva en el ser, cuyos rayos son el bien, la verdad, el principio[23] de la Luz, el principio del alma.

ASCLEPIOS: ¿Qué es Dios, entonces?

HERMES: Aquél que no es ninguna de las cosas sino causa de su existencia, tanto para las cosas en general como para cada ser en particular.

13.

Él no ha dejado nada al no-ser; todo ser viene de lo que es y no de lo que no es[24]. La nada no puede convertirse en algo; está en su naturaleza el no poder ser. La naturaleza del ser, por el contrario, es la de no poder dejar de ser[25].

14.

ASCLEPIOS: Así, pues, ¿cómo defines tú a Dios?

HERMES: Dios no es el intelecto[26], sino la causa del intelecto; no es el aliento[27], sino la causa del aliento; no es la luz, sino la causa de la luz. Los dos nombres bajo los que hay que honrar a Dios son apropiados[28] sólo para Él y para ningún otro, pues ninguno de aquellos seres a los que llamamos dioses, ni los hombres, ni los démones[29] puede, de ningún modo, ser llamado bueno: este título sólo es propio de Dios. Él es el Bien y no otra cosa. Los restantes seres son incapaces de contener la naturaleza del bien[30], pues son cuerpo y alma y no poseen espacio alguno para contener el bien[31].

15.

Pues la amplitud del bien es tan grande como la realidad de todos los seres, tanto los corporales como los incorporales, de los sensibles y de los inteligibles[32]. He aquí lo que es bien y he aquí lo que es Dios.

No digas, pues, de ningún otro ser que es bueno, porque sería una impiedad, ni digas de Dios que es otra cosa que el bien, pues también eso sería una impiedad.

16.

Todos emplean la palabra bien pero nadie comprende lo que significa; así nadie comprende a Dios, y por esa ignorancia, se llama buenos a los dioses y a algunos hombres, aunque no lo sean ni puedan llegar a serlo.

Todos los demás dioses son llamados inmortales, y se les da el nombre de dioses como una dignidad, pero Dios es el bien, y no como título honorífico, sino por su naturaleza. Dios y el Bien son una sola y misma cosa y el principio de todas las demás; porque lo propio de la Bondad es el dar todo sin recibir nada. Ahora bien, Dios da todo y no recibe nada. Dios es, pues, el bien y el bien es Dios.

17.

La otra denominación de Dios es la de Padre, esta vez a causa de la virtud que posee de crear todas las cosas, porque lo propio de un padre es crear. Por ello, la más alta función de la vida y la más sagrada es la procreación, y la mayor desgracia y mayor impiedad es abandonar esta vida sin dejar hijos. Los que faltan a este deber son castigados por los demonios después de la muerte. Y éste es el castigo: el alma del hombre que muere sin haber procreado es condenada a entrar en el cuerpo de un ser que no tiene naturaleza ni de hombre ni de mujer, cosa que es execrable al Sol.

Por esta razón, oh Asclepios, no envidies la suerte de aquel que no tiene hijos y, por el contrario, ten piedad de su desdicha pensando en la expiación que le espera.

Tales son, oh Asclepios, los primeros elementos del conocimiento de la Naturaleza[33].



[1] O bien, “¿no es movido en alguna cosa y por alguna cosa?”, Núria García i Amat, en “Obras Completas”, Ed. Continente.

[2] O bien, “¿Y no es de necesidad que el lugar del movimiento sea más grande que el móvil?”, Id.

[3] O bien, “¿Acaso no ha de ser tan grande como para poder contener el movimiento continuo del mundo de forma que el móvil no quede comprimido por la estrechez del lugar y detenga así su movimiento?”, Id.

[4] O bien, “Si es divino es esencial; si es Dios, está por encima de la esencia”, L. Menard, “Los Libros de Hermes Trismegisto”, Ed. Edicomunicación.

[5] O bien, “El primer Dios es inteligible para nosotros, no para Él mismo, porque lo inteligible cae bajo la sensación de lo inteligente. Dios no es, pues, inteligible para sí mismo, porque en Él el sujeto pensante no es otro que el sujeto pensado”, L. Menard, op cit.

[6] O bien, “Si el espacio es inteligible, no es Dios, sino el espacio. Si es Dios, es, no como espacio, sino como principio de lo extenso. Pero todo lo que es movido se mueve no en lo móvil, sino en lo estable. El motor es estable, porque no puede compartir el movimiento de lo móvil”, L. Menard, op. cit.

[7] O bien, “...las esferas errantes eran movidas por la esfera fija”, L Menard, op. cit.

[8] O bien, “Esta oposición ofrece al movimiento una resistencia fija...”, L. Menard, op. cit.

[9] O bien, “... pues la reacción de los movimientos es la inmovilidad”, L. Menard, op. cit.

[10] O bien, “y el movimiento circular no es más que una moción en torno al mismo centro firmemente contenido por la inmovilidad”, García i Amat, op cit.

[11] O bien, “...el movimiento ‘en torno al mismo centro’ impide la separación... De ahí que el movimiento en sentido contrario se detenga en un punto fijo, pues el movimiento opuesto lo torna estacionario”, García i Amat, op. cit.

[12] Menard traduce como “espíritu”, op. cit.

[13] O bien, “Lo que se encuentra dentro del cuerpo, lo que mueve al objeto inanimado, ese es el motor común del cuerpo que lleva y del cuerpo llevado. Nunca un objeto inanimado puede mover otro objeto inanimado”, L Menard, op. cit.

[14] O bien, “De esta forma vemos que el alma se hace pesada cuando tiene dos objetos que llevar”, Id.

[15] O bien, “Por tanto, es evidente que todo movimiento está producido por algo y en algo”, Id.

[16] O bien, directamente: “No existe vacío en el universo”, L Menard, op cit.

[17] O bien, “Unicamente el no-ser es vacío y ajeno a la existencia. Pero el ser no podría ser si no estuviera lleno de existencia”, Id.

[18] Menard traduce como “fluido”, op. cit.

[19] Menard traduce: “La inteligencia y la razón abrazándose entre sí...”, op cit.

[20] Menard traduce “exentas de error”, op. cit.

[21] Menard traduce “... permaneciendo fijas en ellas mismas (la inteligencia y la razón)”, op. cit.

[22] O bien, “conteniendo todo”, Menard, op. cit.

[23] García i Amat traduce como “arquetipo del espíritu... arquetipo del alma”, op. cit.

[24] O bien, “todas las cosas que existen vienen al ser a partir de cosas que existen y no a partir de cosas que no existen”, García i Amat, op cit.

[25] O bien, “pues las cosas inexistentes no tienen una naturaleza que les permitan venir al ser, sino que su naturaleza es tal que no pueden devenir en cosa alguna y, por otra parte, las cosas que son no pueden, por naturaleza, dejar de ser jamás”, García i Amat, op. cit.

[26] Para L Menard: “inteligencia”, op. cit.

[27] Para L Menard: “espíritu”, op cit.

[28] Para García i Amat: “pues sólo a Él pertenecen”, op. cit.

[29] Menard traduce directamente como “demonios”, op. cit.

[30] O bien, “están fuera de la naturaleza del bien”, Menard, op. cit.

[31] O bien, “y en ellos no hay lugar para el bien”, Menard, op. cit.

[32] O bien, “El Bien iguala en tamaño la existencia de todos los seres corporales e incorporales, sensibles e inteligentes. Tal es el Bien, tal es Dios”, Menard, op. cit.

[33] O bien, “Pero esto es suficiente, Asclepios, como conocimiento preliminar de todas las cosas”, García i Amat, op. cit.

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