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viernes, 14 de enero de 2011

«La verdad os hará libres» ,la mentira, creyentes





INTROITO:
«La verdad os hará libres» (Jn 8,32),
la mentira, creyentes
Es probable que el título de este libro, Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, pueda
parecerle inadecuado o exagerado a algún lector, pero si nos remitimos a la definición de la propia Iglesia
católica cuando afirma que «la mentira es la ofensa más directa contra la verdad; mentir es hablar u obrar
contra la verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre
con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el
Señor»,1 veremos cuan ajustado está este título a los sorprendentes datos que iremos descubriendo a lo
largo de este trabajo.
La Iglesia católica es una institución que conserva una notable influencia en nuestra sociedad —a
pesar de que la mayoría de sus templos suelen estar muy vacíos y de que casi nadie, ni aun sus fieles,
sigue las directrices oficiales en materia de moral— y sus actuaciones repercuten, tanto entre los creyentes
católicos, o de cualquier otra religión, como entre los ciudadanos manifiestamente ateos. Por esta razón, no
sólo es lícito reflexionar sobre todo cuanto atañe a la Iglesia católica sino que, más aún, resulta obligado el
tener que hacerlo. Tal como expresó el gran teólogo católico Schillebeeckx: «Se debe tener el coraje de
criticar porque la Iglesia tiene siempre necesidad de purificación y de reformas.»
Lo que es, dice o hace la Iglesia católica, por tanto, nos incumbe en alguna medida a todos, ya que
resulta imposible sustraerse a su influjo cultural tras casi dos milenios de predominio absoluto de su espíritu
y sus dogmas en el proceso de conformación de mentes, costumbres, valores morales y hasta
legislaciones.
Si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de que no sólo tenemos una estructura mental católica
para ser creyentes sino que también la tenemos para ser ateos; para negar a Dios y la religión sólo
podemos hacerlo desde aquella plataforma que nos lo hizo conocer; por eso un ateo de nuestro entorno
cultural es, básicamente, un ateo católico. Nuestro vocabulario cotidiano, así como nuestro refranero,
supura catolicismo por todas partes. La forma de juzgar lo correcto y lo incorrecto parte inevitablemente de
postulados católicos. Los mecanismos básicos de nuestra culpabilidad existencial son un dramático fruto de
la formación católica (heredera, en este aspecto, de la dinámica psicológica judeo-cristiana).
Nuestras vidas tanto en el caso del más pío de los ciudadanos como en el del más ateo de los
convecinos, están dominadas por el catolicismo: el nombre que llevamos es, en la mayoría de las personas,
el de un santo católico, el de una advocación de la Virgen o el del mismo Jesús; nuestra vida está repleta de
actos sociales que no son más que formas sacramentales católicas —bautismos, primeras comuniones,
bodas, funerales, etc.—, a las que asistimos con normalidad aunque no seamos creyentes; las fiestas
patronales de nuestros pueblos se celebran en honor de un santo católico o de la Virgen; nuestros puentes
y descansos vacacionales preferidos —Navidad, Reyes, Semana Santa, San José, San Juan, el Pilar, la
Inmaculada...— son conmemoraciones católicas; decenas de hospitales, instituciones o calles llevan
nombres católicos; gran parte del arte arquitectónico, pictórico y escultórico de nuestro patrimonio cultural
es católico; un elevadísimo porcentaje de centros educacionales, escolares y asistenciales —y sus
profesionales — son católicos; el peso católico en los medios de comunicación es cada vez más notable (y
encubierto); nuestro Gobierno financia con una parte de nuestros impuestos a la Iglesia católica...
Lo queramos o no, estamos obligados a vivir dentro del catolicismo, y ello no es ni bueno ni malo,
simplemente es. Está justificado, por tanto, que nos ocupemos en reflexionar sobre algo que tiene tanto
peso en nuestras vidas. Pero ¿qué sabemos en realidad de la Iglesia católica y de sus dogmas religiosos?
Parece que mucho o todo, puesto que abrigamos la sensación de tener una gran familiaridad con el
catolicismo. Tanto es así que conocemos perfectamente, lo creamos o no, que María fue considerada
1 Cfr. Santa Sede (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, párrafo 2.483, p. 540.
Virgen desde siempre, que Jesús fue hijo único y que murió y resucitó a los tres días, que fue conocido
como consubstancial con Dios desde su mismo nacimiento, que él fundó el cristianismo y la Iglesia católica
e instituyó el sacerdocio, la misa y la eucaristía, que estableció que el Papa fuese el sucesor directo de
Pedro... estamos seguros de que todo eso es así porque siempre nos lo han contado de esta forma, pero,
sin embargo, cuando leemos directa y críticamente el Nuevo Testamento vemos, sin lugar a dudas, que
ninguna de estas afirmaciones es cierta.
La primera vez que leí la Biblia, en septiembre de 1974, quedé muy sorprendido por las terribles
contradicciones que la caracterizan, pero también por descubrir que el Jesús de los Evangelios no tenía
apenas nada que ver con el que proclama la Iglesia católica. Veintidós años más tarde, en 1996, tras vanas
lecturas críticas de las Escrituras y apoyado en el bagaje intelectual que da el haber estudiado decenas de
trabajos de expertos en historia antigua, religiones comparadas, mitología, antropología religiosa, exégesis
bíblica, teología, arte, etc., mi nivel de sorpresa no sólo no ha disminuido sino que se ha acrecentado en
progresión geométrica. Cuantos más conocimientos he ido adquiriendo para poder analizar las Escrituras
desde parámetros objetivos, más interesantes me han parecido (como documentos de un complejo y
fundamental proceso histórico) pero, también, más patética me ha resultado la tremenda manipulación de
las Escrituras y del mensaje de Jesús, realizada, con absoluta impunidad durante siglos, por la Iglesia
católica.
En este libro no se pretende descubrir nada nuevo, puesto que, desde finales del siglo XVIII hasta hoy,
decenas de investigadores, todos ellos infinitamente más cualificados que este autor, han publicado trabajos
científicos que han dinamitado sin compasión los documentos básicos del cristianismo. Los especialistas en
exégesis bíblica y en lenguas antiguas han demostrado fuera de toda duda las manipulaciones y añadidos
posteriores que trufan el Antiguo Testamento, el contexto histórico y la autoría reciente (s. VII a.C.) del
Pentateuco —falsamente atribuido a Moisés (s. XIII a.C.)—, la inconsistencia de las «profecías», la
verdadera autoría de los Evangelios y la presencia de múltiples interpolaciones doctrinales en ellos, la
cualidad de pseudoepigráficos de textos que se atribuyen falsamente a Pablo y otros en el Nuevo
Testamento, etc. Y los historiadores han puesto en evidencia que buena parte de la historiografía católica
es, simple y llanamente, mentira. De todas formas, dado que los trabajos citados no son del conocimiento
del gran público, este texto contribuirá a divulgar parte de lo que la ciencia académica ya sabe desde hace
años.
El breve análisis acerca de la Iglesia católica y algunos de sus dogmas, que se recoge en este trabajo,
no fue pensado, en principio, para convertirse en un libro. En su origen no fue más que un proceso de
reflexión, absolutamente privado, a través del cual este autor quiso profundizar en algunos aspectos
doctrinales fundamentales de la Iglesia católica mediante su confrontación con las propias Escrituras en
las que decían basarse.
Desde esta perspectiva, el texto no pretende ser ni una obra acabada ni definitiva de nada, aunque sí
es el fruto del trabajo de muchos meses de investigación, de cientos de horas ante el ordenador, rodeado
de montañas de libros, intentando asegurar cada palabra escrita en las bases más sólidas y creíbles que he
podido encontrar.
No es tampoco un libro que pretenda convencer a nadie de nada, creo que el lector tiene el derecho y
la obligación de cuestionar todo aquello que lee; por eso se facilita una abundante bibliografía y se indican,
en notas a pie de página, las referencias documentales que cualquiera puede analizar por sí mismo para
extraer sus propias conclusiones.
En cualquier caso, la fuente principal a la que hemos recurrido para fundamentar lo que afirmamos es
la Biblia; y para evitar que se nos acuse de basarnos en versículos arreglados, hemos usado una Biblia
católica, concretamente la versión de Nácar-Colunga, que es la más recomendada entre los católicos
españoles y, también, la que contiene más manipulaciones sobre los textos originales con la intención de
favorecer la doctrina católica; pero aún así, la lectura crítica de la Biblia de Nácar-Colunga sigue siendo
demoledora para la Iglesia católica y sus dogmas. De todas formas, aconsejamos sinceramente que todo
lector de este trabajo, sea católico o no, tenga una Biblia a mano para consultarla siempre que precise
guiarse por su propio criterio.2
2 Aunque hay mejores y peores traducciones de los textos bíblicos, cualquier Biblia es apta para ser consultada. La mejor traducción castellana
actual es la Nueva Biblia Española, y suelen ser también muy correctas las ediciones protestantes basadas en revisiones actualizadas de la traducción
de Valera.
Uno no puede dejar de sorprenderse cuando se hace consciente de que los católicos, así como una
buena parte de sus sacerdotes, no conocen la Biblia. A diferencia del resto de religiones cristianas, la
Iglesia católica no sólo no patrocina la lectura directa de las Escrituras sino que la dificulta. Si miramos
hacia atrás en la historia, veremos que la Iglesia sólo hace dos siglos que levantó su prohibición, impuesta
bajo pena de prisión perpetua, de traducir la Biblia a cualquier lengua vulgar. Hasta la traducción al alemán
hecha por Lutero en el siglo XVI, desafiando a la Iglesia, sólo los poquísimos que sabían griego y latín
podían acceder directamente a los textos bíblicos. La Iglesia católica española no ordenó una traducción
castellana de la Biblia hasta la última década del siglo XVIII. Pero hoy, como en los últimos dos mil años, la
práctica totalidad de la masa de creyentes católicos aún no ha leído directamente las Escrituras.
A pesar de que, actualmente, la Biblia está al alcance de cualquiera, la Iglesia católica sigue formando
a su grey mediante el Catecismo y lo que llama Historia Sagrada, que son textos tan maquillados que
apenas tienen nada que ver con la realidad que pretenden resumir. Se intenta evitar la lectura directa de la
Biblia —o, en el mejor de los casos, se tergiversan sus textos añadiéndoles decenas de anotaciones
peculiares, como en la Nácar-Colunga— por una razón muy simple: ¡lo que la Iglesia católica sostiene, en
lo fundamental, tiene poco o nada que ver con lo que aparece escrito en la Biblia!
El máximo enemigo de los dogmas católicos reside en las propias Escrituras, ya que éstas los refutan
a simple vista. Por eso en la Iglesia católica se impuso, desde antiguo, que la Tradición —eso es aquello
que siempre han creído quienes han dirigido la institución— tenga un rango igual (que en la práctica es
superior) al de las Escrituras, que se supone son la palabra de Dios. Con esta argucia, la Iglesia católica
niega todo aquello que la contradice desde las Escrituras afirmando que «no es de Tradición». Así, por
ejemplo, los Evangelios documentan claramente la existencia de hermanos carnales de Jesús, hijos
también de María, pero como la Iglesia no tiene la tradición de creer en ellos, transformó el sentido de los
textos neotestamentarios en que aparecen y sigue proclamando la virginidad perpetua de la madre y la
unicidad del hijo.
De igual modo, por poner otro ejemplo, la Iglesia católica sostiene con empecinamiento el significado
erróneo, y a menudo lesivo para los derechos del clero y/o los fieles, de versículos mal traducidos —errados
ya desde la Vulgata de San Jerónimo (siglo IV d.C.)—, aduciendo que su tradición siempre los ha
interpretado de la misma manera (equivocada, obviamente, aunque muy rentable para los intereses de la
Iglesia).
Para dar cuerpo a la reflexión y a la estructura demostrativa de este libro nos hemos asomado sobre
dos plataformas complementarias: la primera se basa en los datos históricos y el análisis de textos,
realizado por expertos, que indica que el contenido de los documentos bíblicos obedece siempre a
necesidades político-sociales y religiosas concretas de la época en que aparecieron; que fueron escritos, en
tiempos casi siempre identificados, por sujetos con intereses claramente relacionados con el contenido de
sus textos (tratándose a menudo de personas y épocas diferentes de las que son de fe); que fueron el
resultado de múltiples reelaboraciones, añadidos, mutilaciones y falsificaciones en el decurso de los siglos,
es decir que, desde nuestro punto de vista, no hay la más mínima posibilidad de que Dios —cualquier dios
que pueda existir— tuviese algo que ver con la redacción de las Escrituras.
La segunda plataforma, en la que damos un voluntario salto al vacío de la fe, parte de la aceptación de
la hipótesis creyente de que las Escrituras son «la palabra inspirada de Dios»; pero analizando desde
dentro de este contexto, las conclusiones son aún más graves puesto que si la Biblia es la palabra divina,
tal como afirman los creyentes, resulta obvió que la Iglesia católica, al falsearla y contradecirla, está
traicionando directamente tanto la voluntad del Dios Padre como la del Dios Hijo —a quienes dice seguir
fielmente—, al tiempo que mantiene un engaño monumental que pervierte y desvía la fe y las obras de sus
fieles.
Valga decir que éste no es ningún libro de fe o catecismo —tampoco es un anti-catecismo—, sino un
trabajo de recopilación y análisis de datos objetivos que sugiere una serie de conclusiones —que son
discutibles, como cualquier otro resultado de un proceso de raciocinio—, pero, a medida que se vaya
profundizando en este texto, será el propio lector, ya sea posicionado en una óptica creyente, agnóstica o
atea, quien podrá —y deberá— ir sacando sus propias consecuencias acerca de cada uno de los aspectos
tratados.
En esta obra no se aspira más que a reflexionar críticamente sobre algunos elementos fundamentales
de la institución social más influyente de la historia —y tenemos para ello la misma legitimidad y derecho, al
menos, que el esgrimido por la Iglesia católica para entrometerse y lanzar censuras sobre ámbitos
personales y sociales que no son de su incumbencia y que exceden con mucho su función específica de
«pastores de almas»—. No es, por tanto, un libro que pretenda atacar a la Iglesia católica o a la religión en
general,3 aunque será inevitable que algunos lo interpreten así; quizá porque su ignorancia y fanatismo
doctrinal les impide darse cuenta de que, en todo caso, son las propias religiones, con su comportamiento
público, quienes van perdiendo su credibilidad hasta llegar a cotas más o menos importantes de autodestrucción.
Ningún libro puede dañar a una religión, aunque sí sea habitual que las religiones dañen a los autores
de libros. A este respecto son bien conocidos los casos de la fanática persecución religiosa de autores
como Salman Rushdie o Taslima Nasrin por el fundamentalismo islámico chiíta, pero la Iglesia católica,
actuando de una forma más sutil, no se queda atrás ¡ni mucho menos! en la persecución de los escritores
que publican aquello que no le place o pone al descubierto sus miserias. Son muchísimos los casos de
escritores contemporáneos que han sufrido represalias por enfrentarse a la Iglesia, pero baste recordar
cómo el papa Wojtyla ha amordazado a los teólogos díscolos mediante la imposición del silencio, la
expulsión de sus cátedras, la encíclica Veritatis splendor; o los sonados casos de los escritores Roger
Peyrefitte y Nikos Kazantzakis, perseguidos con saña por el poderoso aparato vaticano por poner en
evidencia la hipocresía de la Iglesia católica.
La experiencia de este autor después de publicar La vida sexual del clero, un best-seller que ha
ocupado los primeros puestos de ventas en España y Portugal, confirma también que la libertad de
expresión no es una virtud con la que comulga la Iglesia católica. Cuando el libro aún no se había acabado
de distribuir, desde la jerarquía eclesiástica se llamó a periodistas de todos los medios de comunicación,
«exigiendo», «aconsejando» o «solicitando» —según la mayor o menor fuerza que tuviese el clero en cada
medio y/o en función de la militancia o no en el Opus Dei del periodista abordado— que se guardara silencio
sobre la aparición del libro, una consigna que cumplieron fielmente buena parte de los periódicos y
programas de radio de gran audiencia, así como, obviamente, todos los medios conservadores de talante
clerical.
Afortunadamente, el boca a boca de la calle pudo compensar en parte el silencio de muchos medios de
comunicación y miles de españoles acudieron a las librerías a reservar su ejemplar, esperando
pacientemente que las sucesivas reediciones del libro salieran de la imprenta. Un dato curioso es que las
librerías religiosas, que habían sido marginadas en la primera fase de distribución del libro, pronto
comenzaron a llamar a la editorial solicitando ejemplares; ¡no en balde los sacerdotes han sido grandes
lectores de La vida sexual del clero! De todos modos, bastantes librerías fueron coaccionadas a quitar el
libro de sus aparadores y, en la España profunda, algunas otras recibieron amenazas de agresión por
parte de vándalos clericales. Vaya desde aquí mi profundo agradecimiento a todos, lectores y libreros.
Dado que la investigación de ese libro está sólidamente documentada y viene apadrinada por un prólogo
multidisciplinar firmado por cuatro prestigiosas figuras,4 la ofensiva clerical tomó forma mafiosa, atacando
sin dar la cara jamás, intentando —y en algún caso logrando— perjudicar mis actividades profesionales
ajenas a la faceta de escritor, coaccionando a sacerdotes que habían colaborado en el libro, rescindiendo el
contrato de profesor de un brillante teólogo católico y sacerdote por el mero hecho de haberme asesorado
desde su especialidad,5 haciendo publicar supuestas «críticas,» del libro que no eran sino meros insultos
histéricos que pretendían descalificar globalmente el trabajo sin aportar ni una sola evidencia en contra,6
3 Desde muchos medios de comunicación he defendido siempre que en el curriculum escolar debería figurar como materia obligatoria —no
optativa— la religión, mejor dicho, la asignatura de historia de las religiones. Creo que nadie puede comprender suficientemente al ser humano y a la
sociedad que ha conformado si no conoce las raíces del hecho religioso, su evolución desde la prehistoria hasta hoy a través de mitos, ritos y creencias
muy diferentes pero íntimamente continuistas unas de otras, sus consecuencias sociopolíticas, etc. La historia de las religiones —de todas, no de la
católica exclusivamente—, las religiones comparadas —no el catecismo de una sola, que eso no es materia escolar sino pauta de adoctrinamiento que
debería reservarse al seno de la familia y de los centros de cada religión—, es un conocimiento tan valioso como fundamental tanto para el creyente
como para el ateo. Aunque, no seamos ingenuos, a la Iglesia católica en particular no le interesa nada formar en materia de religión; lo que ella
pretende y hace en los centros escolares es proselitismo, adoctrinar de forma excluyente en base a su catecismo.
4 Victoria Camps, catedrática de ética y, en ese momento, senadora; Enrique Miret Magdalena, conocido teólogo católico; María Martínez
Vendrell, psicóloga, y Joaquín Navarro Esteban, magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid.
5 Lo dramático del caso no sólo es el abuso de poder sino quién lo ha ejercido. La represalia fue ordenada desde el arzobispado de Barcelona,
institución a la que La vida sexual del clero dedica dos capítulos documentando irrefutablemente que los cardenales Narcís Jubany y Ricard María
Caries, y los obispos Caries Soler, Jaume Traserra y Joan-Enric Vives, conocieron las agresiones sexuales cometidas contra menores y adolescentes
por un grupo de diáconos y sacerdotes de su diócesis pero los encubrieron, impidiendo su persecución judicial, y permitieron incluso la ordenación
sacerdotal de los diáconos implicados. A raíz de la publicación del libro, este caso motivó una interpelación parlamentaria y está siendo investigado
judicialmente.
6 Son modélicos, por ejemplo, los panfletos firmados por Javier Tusell (La, Vanguardia, 31-3-95, p. 41), Javier Azagra (La Opinión de Murcia, 1-3-
95, p. 4) y Pedro Miguel Lamet (Diario 16/Cultura.s, 6-5-95, p. 19). La sinuosa fidelidad ideológica del señor Tusell es suficientemente conocida
vociferando desde el pulpito de las iglesias que leer ese libro era pecado mortal, aduciendo que este autor
tenía prohibida su entrada en las iglesias,7 vetando al autor en Cualquier programa de televisión en que
participase un obispo...
Sin embargo, como muestra de un talante absolutamente contrario al de los prelados españoles, cabe
mencionar, por ejemplo, el caso de Januario Turgau Ferreira, obispo de Lisboa y portavoz de la Conferencia
Episcopal Portuguesa, que no sólo accedió gustoso al debate cuando se publicó A vida sexual do clero,
sino que defendió que el libro no suponía ninguna ofensa o ataque a la Iglesia, que al leerlo se tiene «la
sensación de abrir los ojos», que la crítica debía ser siempre aceptada para cambiar lo que está mal y que
hay que «repensar el celibato desde el fondo del libro de Pepe Rodríguez».8
Este mismo criterio había sido defendido anteriormente desde revistas del clero católico como Tiempo
de Hablar (62) o Fraternizar (90); la primera de ellas finalizó su larga y favorable reseña afirmando: «Se
ha dicho de este libro que el agnosticismo del autor falsea la realidad. ¿No ocurrirá lo mismo que en la
entrada triunfal de Jesús en Jerusalén cuando los fariseos le pedían a Jesús que mandara callar al pueblo?
Ya conocemos la respuesta de Jesús: "Os digo que si éstos callan gritarán las piedras." Este libro es un
grito de las piedras ya que los amigos de Jesús nos estamos callando» (pp. 38-39).
El largo rosario de hechos vergonzosos y coacciones a la libertad de expresión perpetrados por el
poder clerical español ha tenido una de sus últimas apariciones estelares en el cese fulminante, como
director de la tertulia Las cosas como son (RNE), del conocido periodista radiofónico Pedro Méyer,
acusado de «una falta grave de respeto a una religión, en este caso la católica»9 por un programa que trató
con rigor algunas cuestiones sobre el Papa, el Opus Dei y el celibato sacerdotal. A la jerarquía católica lo
que le molesta realmente es que las cosas se digan tal como son. Hoy aún abundan los obispos que añoran
las hogueras de la Santa Inquisición.
Muchos amigos, periodistas, políticos y miembros de otras profesiones «generalmente bien
informadas», me han advertido del riesgo que corro publicando este libro. «Ándate con muchísimo cuidado
—me aconsejó un querido amigo, conocido político conservador y católico practicante—, no olvides que la
Iglesia tiene una experiencia de dos mil años en el arte de hacer maldades impunemente.» Soy muy
consciente del elevado precio personal que voy a tener que pagar, durante el resto de mi vida, por publicar
este trabajo y también de que su aparición será ahogada rápidamente por el silencio cómplice de la mayoría
de los medios de comunicación, pero cuando uno ha pasado toda su vida luchando en favor de la libertad,
no se puede ni se debe cambiar de rumbo.
Salvo que el peso clerical que tiene el actual Gobierno conservador español decida variar el contenido
del artículo 20 de nuestra Constitución, seguiré pensando que cada ciudadano tiene el derecho «a expresar
y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro
medio de reproducción». Este derecho no existe en el seno de la Iglesia católica —léase la Veritatis
splendor, por ejemplo— y su influyente autoritarismo pretende eliminarlo también del resto de la sociedad.
No tengo, ni mucho menos, vocación de mártir, pero jamás he actuado con cobardía. Este libro no es
más que la reflexión personal de este autor y, como tal, un ejercicio del legítimo derecho a la opinión y a la
crítica que, sin duda alguna, conlleva también, necesariamente, el derecho ajeno a la contracrítica —cosa
que yo siempre he agradecido y estimulado públicamente—, aunque no a la persecución mafiosa, de la
que, por cierto, siempre me he sabido defender atacando con igual intensidad a la de la agresión recibida.
Yo no sé poner la otra mejilla, lo siento.
A fin de cuentas, en este libro no he hecho otra cosa que seguir lo que se recomienda en los Hechos
de los Apóstoles: «Y llamándolos, les intimaron no hablar absolutamente ni enseñar en el nombre de
como para evitarnos cualquier comentario. La airada reacción, de los otros dos tuvo un motivo más evidente y noble, el de la defensa propia: el
obispo de Cartagena Javier Azagra aparece en un capítulo del libro como encubridor de los abusos sexuales cometidos a mujeres por Jesús Madrid,
sacerdote y director del Teléfono de la Esperanza de Murcia; el señor Lamet, un sacerdote nada amigo de las obligaciones del celibato, era en esos
días el director de la revista A Vivir, editada por el Teléfono de la. Esperanza.
7 La triste anécdota sucedió el 21-9-96 en la conocida e inigualable iglesia barcelonesa de Santa María del Mar. El autor tenía que presentar el
concierto de canciones de cuna tradicionales que la cantante Mariona Cornelias iba a dar en el templo, pero, al enterarse en el arzobispado,
presionaron con fuerza para evitar mi presencia en la iglesia; el argumento esgrimido fue que «después de haber publicado un libro contra la Iglesia a
ese escritor se le ha prohibido totalmente la entrada en las iglesias». Al arzobispo Carles se le habría olvidado comunicarme oficialmente tamaña
majadería, claro esta. El párroco de Santa María del Mar, sin embargo, hizo caso omiso y pude tener el honor de presentar el concierto tal como
estaba previsto.
8 En debate radiofónico celebrado el día 29-10-96, de 11 a 12 horas, en RPD-Antena 1 de Lisboa (programa de Carlos Pinto Coelho).
9 Cfr. López, R. (1996, septiembre, 28). Méyer: «Yo no soy quién para cerrarle la boca a los contertulios.» El País.
Jesús. Pero Pedro y Juan respondieron y dijéronles: "Juzgad por vosotros mismos si es justo ante Dios que
os obedezcamos a vosotros más que a Él; porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y
oído." Pero ellos les despidieron con amenazas» (Act 4,18-21). En este libro nos hemos limitado a
comprobar directamente qué fue aquello que se dejó escrito en la Biblia, en qué circunstancias se dijo y
cómo se ha pervertido con el paso de los siglos. Nos limitamos a decir «lo que hemos visto y oído», como
hicieron Pedro y Juan, aunque también como a ellos los «sacerdotes y saduceos» nos amenacen.
El propio Jesús, según Jn 8,32, dijo que «la verdad os hará libres» y las páginas siguientes son una
excursión en busca de las verdades que hay más allá de los dogmas. Quizá la verdad no exista en ninguna
parte, puesto que todo es relativo, pero en el propio proceso racional de buscarla alcanzamos cotas de
libertad que nos alejan de la servidumbre a la que la mentira y la hipocresía intentan someternos en su
intrínseco esfuerzo por moldearnos como creyentes acríticos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

FRAGMENTOS DEL EVANGELIO SEGÚN LOS HEBREOS





FRAGMENTOS DEL EVANGELIO SEGÚN LOS HEBREOS
(Citas en la literatura cristiana primitiva)
San Irineo (+ h.202)
1. [Los ebionitas] utilizan únicamente el evangelio que es según San Mateo y rechazan al apóstol Pablo, llamándole apóstata de la Ley. (Adv. haeres. I 26,2)
2. Pues los ebionitas, sirvíendose solamente del evangelio que es según San Mateo, se dejan persuadir por él y no piensan rectamente del Señor. (Adv. haeres. III 11,7)
Clemente Alejandrino (+ ant.215)
3. Y como también está escrito en el evangelio según los Hebreos: El que se admiró, reinará; y el que reinó, descansará. (Strom. II 9)
4. Pues aquello puede equivaler a ésto: El que pide, no cejará hasta que encuentre. Y en encontrando, se llenará de estupor; y en llenándose de estupor, reinará; y en reinando, descansará. (Strom. V 14)
Orígenes (+ 253-254)
5. Y si alguien acepta el Evangelio de los Hebreos, donde el Salvador en persona dice: Poco ha me tomó mi madre, el Espíritu Santo, por uno de mis cabellos y me llevó al monte sublime del Tabor, se quedará perplejo al considerar cómo puede ser madre de Cristo el Espíritu Santo, engendrado por el Verbo. Pero tampoco esto le es a éste difícil de explicar. (In Io. 2,6)
6. Si alguien admite el: Ha poco me tomó mi madre, el Espíritu Santo, y me llevó al monte sublime del Tabor y lo que sigue, puede, viendo en Él a su madre, decir... (Hom. in Ier. 15,4)
Eusebio de Cesarea (+ 339)
7. Ya algunos han querido incluir entre estos escritos [cuya canonicidad se discute] el Evanelio según los Hebreos, que es el mayor encanto de los judíos que han recibido a Cristo. (Hist. Eccl. III 25)
8. Éstos [los ebionitas] pensaban que debían ser rechazadas todas las cartas del Apóstol, llamándole a éste apóstata de la Ley; y utilizando solamente el llamado Evangelio según los Hebreos, hacían poco caso de todos los demás. (Hist. Eccl. III 27)
9. Narra también [Papías] otra historia contenida en el Evangelio según los Hebreos, referente a una mujer acusada ante el Señor de muchos pecados. (Hist. Eccl. III 39)
10. [Hegesipo] habla algo del Evangelio según los Hebreos y del siríaco, y particularmente del dialecto hebreo, dando a entender que él había llegado a la fe gracias a los hebreos. Recuerda asimismo otras cosas como si provinieran de la tradición judaica no escrita. (Hist. Eccl. IV 22)
11. Puesto que el evangelio que ha llegado hasta nosotros en caracteres hebreos no lanzaba la amenaza contra el que escondió (el talento), sino contra el que vivió disolutamente —pues distinguía tres siervos: uno que había consumido la hacienda de su señor con meretrices y flautistas; otro que había hecho rendir mucho su trabajo, y otro, finalmente,que había ocultado el talento. Y dijo que el primero fuera recibido; que el segundo, tan sólo amonestado, y que al tercero le metieran en la cárcel—, se me ocurre preguntar si por ventura en el Evangelio de San Mateo la amenaza que viene después de la reprimenda contra el indolente va dirigida, no ya contra éste, sino (por epanálepsis) contra el anterior, que había comido y bebido con los borrachos. (Theophania IV 22)
12. Él dio a conocer [ya] la causa de la escisión de las almas, cual ha de sobrevenir a los edificios, como hemos podido comprobarlo en un lugar del evangelio que está divulgado entre los judíos, en lengua hebrea, donde se dice: Yo he de escogerme los que me complazcan; [y éstos son] los que me da mi padre en el cielo. (Theoph. [siríaca] IV 12)
13. ... así es posible reconocer la fuerza de que se sirvió [y constatar] que no sólo predijo el futuro, sino que además vinculó los hechos a su palabra; sobre todo en lo que se refiere a aquello que está escrito: Yo me escojo los mejores, los que me da mi padre en el cielo. (Theoph., ibid.)
San Epifanio (+ 403)
14. Está en poder de [los nazarenos] el Evangelio según San Mateo, completísimo, y en hebreo. Pues entre ellos se conserva, sin duda, todavía éste tal como fue compuesto originariamente, en caracteres hebreos. Lo que no sé es si han suprimido las genealogías desde Abrahán hasta Cristo. (Haeres. l.I t.2 d.29,9)
San Jerónimo (+ 419 o 420)
15. Como podemos también leer en el Evangelio Hebreo, [donde] el Señor habla a los discípulos diciéndoles: Nunca estéis contentos sino cuando miréis a vuestro hermano con amor. (Comm. III in Eph. 5,4)
16. ... Pero quien leyere el Cantar de los Cantares y entendiere que el esposo del alma es el Verbo de Dios, y diere crédito al evangelio publicado [bajo el título] según los Hebreos, que recientemente hemos traducido —en el que, refiriéndose a la persona del Salvador, se dice: Hace poco me tomó mi madre, el Espíritu Santo, por uno de mis cabellos—, no tendrá reparo en decir que el Verbo de Dios procede del Espíritu, y que, por tanto, el alma, que es esposa del Verbo, tiene por suegra al Espíritu Santo, cuyo nombre entre los hebreos es de género femenino, RUAH. (Comm. II in Mich. 7,6)
17. También el evangelio llamado según los Hebreos, traducido recientemente por mí al griego y al latín, del que Orígenes se sirve con frecuencia, después de la resurrección refiere los siguiente: Mas el Señor, depués de haber dado la sábana al criado del sacerdote, se fue hacia Santiago y se le apareció. (Pues es de saber que éste había hecho voto de no comer pan desde aquella hora en que bebió el cáliz del Señor hasta tanto que le fuera dado verle resucitado de entre los muertos). Y poco después: Traed, dijo el Señor, la mesa y el pan. Y a continuación se añade: Tomó un poco de pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a Santiago el Justo, diciéndole: hermano mío, come tu pan, porque el Hijo del hombre ha resucitado de entre los muertos. (De viris ill. 2)
18. Aun el texto mismo hebreo se conserva hasta hoy en la biblioteca de Cesarea, que el mártir Pánfilo formó con muchísimo empeño. También a mí, los nazarenos que viven en Berea (Alepo), ciudad de Siria, y que se sirven de este libro, me proporcionaron ocasión de copiarlo. En el cual es de notar que, siempre que el evangelista, ya por cuenta propia, ya poniéndolo en boca del Salvador, aduce testimonios del Antiguo Testamento, no sigue la interpretación de los 70, sino la antigua hebraica. Entre los cuales están aquellos dos: De Egipto llamé a mi Hijo y será llamado Nazareno. (De viris ill. 3)
19. Ignacio ... escribió ... a los de Esmirna y a Policarpo en particular. En esta carta se aduce un testimonio acerca de la persona de Cristo, sacado del evangelio recientemente traducido por mí, en estos términos: Yo a mi vez pude verle e su propia carne después de la resurrección, y estoy convencido de que vive. Y cuando se dirigió a Pedro y a los que con él estaban, les dijo: Palpad y ved que no soy un fantasma sin cuerpo. Y al momento le tocaron y creyeron. (De viris ill. 16)
20. En Belén de Judea: Es éste un error de los copistas, pues creemos que el evangelista dijo, como leemos en el texto hebreo, de Judá, y no de Judea. (Comm. I in Mt. 2,5)
21. En el evangelio llamado según los Hebreos se encuentra mahar, que quiere decir de mañana, en lugar de sobresustancial; de manera que el sentido resulta así: Danos hoy el pan de mañana, esto es, el del futuro. (Comm. I in Mt. 6,11)
22. En el evangelio hebreo según San Mateo se dice: Danos hoy el pan de mañana, esto es, danos hoy el pan que vas a darnos en tu reino. (Tract. in Ps. 135)
23. En el evangelio usado por nazarenos y ebionitas (que recientemente hemos traducido del hebreo al griego y que la mayoría llaman el auténtico de San Mateo), este hombre que tiene la mano seca, se dice ser un albañil, y se le describe pidiendo socorro con estas exclamaciones: Era albañil y me ganaba elsustento con mis manos; te ruego ¡oh Jesús!, que me devuelvas la salud para no verme obligado a mendigar vergonzosamente mi sustento. (Comm. I in Mt. 12,13)
24. En el evangelio que usan los nazarenos encontramos escrito, en lugar de hijo de Baraquías, hijo de Joyada. (Comm. IV in Mt. 23,35)
25. Éste (Barrabás), que había sido condenado por rebelión y homicidio, se interpreta hijo de su maestro en el evangelio llamado según los Hebreos. (Comm. IV in Mt. 27,16)
26. En (ese) evangelio, que repetidas veces hemos mencionado, leemos que el arquitrabe del templo, de tamaño extraordinario, se rompió y se partió. (Comm. IV in Mt. 27,51)
27. Y en el evangelio escrito con caracteres hebreos leemos, que no se rasgó el velo del templo, sinó que se vino abajo el arquitrabe del citado templo, cuya magnitud causaba admiración. (Ep. 120,8 ad Hedybiam)
28. Mas según el evangelio escrito en lengua hebrea, leído por los nazarenos, descenderá sobre él toda la fuente del Espíritu Santo. El Señor es espíritu; y donde el espíritu del Señor, allí está la libertad... Y a propósito, en el evangelio del que hace poco hicimos mención, encontramos escrito: Y sucedió que, cuando hubo subido el Señor del agua, descendió toda la fuente del Espíritu Santo, descansó sobre Él, y le dijo: Hijo mío, a través de todos los profetas te estaba esperando para que vinieras y pudiera descansar en ti. Pues tú eres mi descanso, mi Hijo primogénito, que reinas por siempre. (Comm. IV in Is. 11,2)
29. Pues como los apóstoles le tuvieran por un espíritu, o como dice el evangelio que entre los hebreos leen los nazarenos, por un fantasma sin cuerpo... (Comm. in Is. 18 praef.)
30. Y en el evangelio que acostumbraron a leer los los nazarenos, según los Hebreos, se cuenta entre los crímenes mayores el haber causado tristeza al alma de su hermano. (Comm. IV in Ez. 18,7)
31. En el Evangelio según los Hebreos, que fue escrito en lengua caldea y siríaca, mas con caracteres hebreos, del que se sirven hasta hoy los nazarenos, según los apóstoles, o, como prefiere la mayor parte, según San Mateo, conservado en la bibliotea de Cesárea, se cuenta esta historia: He aquí que la madre del Señor y sus hermanos le decían: Juan el bautista bautiza en remisión de los pecados; vayamos (también nosotros) y seamos bautizados por Él. Mas Él les dijo: ¿Qué pecados he cometido yo para que tenga que ir y ser bautizado? De no ser que esto que acabo de decir sea una ignorancia mía. (Contra Pelag. III 2)
32. Y en el mismo libro [Evangelio según los Hebreos]: Si pecare, dice, tu hermano de palabra y te diere satisfacción, recíbele siete veces al día. Díjole Simón, su discípulo: ¿Siete veces al día? Respondió el Señor y le dijo: Te digo que sí, y aun setenta veces siete. Puesto que aun en los mismos profetas, después de haber sido ungidos por el Espíritu Santo, se han encontrado faltas. (Contra Pelag. III 2)
Ps. Orígenes Latino
33. Está escrito en cierto evangelio, llamado según los Hebreos (si es que place admitirlo, no como autoridad, sino para esclarecimiento de la cuestión propuesta): Díjole el otro de los ricos: ¿Qué de bueno tengo que hacer para poder vivir? Díjole: Cumple la ley y los profetas. Respondióle: Ya lo vengo haciendo. Díjole: Ve, vende todo lo que es tuyo, distribúyeselo entre los pobres, y vente, sígueme. Mas el rico empezó a rascarse la cabeza, y no le agradó (el consejo). Díjole el Señor: ¿Cómo te atreves a decir: He observado la Ley y los Profetas? Puesto que está escrito en la Ley: Amarás a ru prójimo como a ti mismo. Y he aquí que muchos hermanos tuyos, hijos de Abrahán, están vestidos de basura y muriéndose de hambre, mientras que mi casa está llena de bienes abundantes, sin que salga nada de ella.
Y volviéndose, dijo a Simón, su discípulo, que estaba sentado a su lado: Simón, hijo de Juan, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el cielo. (Comm. in Mt. 15,14)
Ps. Cipriano
34. Y el inventor de este bautismo adulterino, o mejor, mortífero, si algún otro es, sobre todo ... aquel libro supositicio titulado Predicación de Pablo. En el cual podrás encontrar, contra el testimonio de todas las escrituras, a Cristo confesando su propio pecado (Él, que fue el único que no pecó lo más mínimo), e impelido, casi contra su voluntad, por María, su madre, a recibir el bautismo de Juan. Y que, mientras era bautizado, se vio fuego sobre el agua, cosa que no figura en evangelio alguno. Y que Pedro y Pablo, después de tanto tiempo, depués de consignar el evangelio en Jerusalén y de cambiar impresiones, y después de la discusión y disposición de lo que había de hacerse, por fin [vinieron a verse] en Roma, como si entonces precisamente se conocieran por vez primera. Y otras cosas parecidas, inventadas absurda y torpemente, encontrarás reunidas en aquel libro. (De rebaptism. c.17)
Teodoreto Cirense (+ h.460)
35. Los nazarenos admiten solamente el Evangelio de los Hebreos, y llaman apóstata al Apóstol. (Haeret. Fabul. Comp. II 1)
36. [Los nazarenos] han utilizado únicamente el Evangelio según San Mateo. (ibid.)
37. Los nazarenos son judíos que honran a Cristo como hombre justo y usan el evangelio llamado según San Pedro. (ibid.)
Felipe de Side (+ h.430)
38. [Los antuguos] rechazaban de plano el Evangelio según los Hebreos y el llamado de Pedro y el de Tomás, diciendo que eran escritos heréticos. (Extractos, cit. por Lagrange)
Stichometria (s.IV)
39. Cuarto Evangelio según los Hebreos: 2200 líneas. (añadida a la Chronographia de Nicéforo h.850)
Haymon de Auxerre (+ h.850)
40. Como se dice en el Evangelio de los Nazarenos, que, al oír esta voz del Señor: [Padre, perdónalos], muchos miles de judíos que estaban en torno a la cruz, creyeron.  (Comm. II in Is., 53)
Versión copta de San Cirilo de Jerusalén
41. Está escrito en [el evangelio] según los Hebreos que, deseando Cristo venir a la tierra para efectuar la redención, el Buen Padre llamó a una fuerza celestial por nombre Miguel, recomendándole el Ciudado de Cristo en esta empresa. Y vino la fuerza al mundo, y se llamaba María, y (Cristo) estuvo siete meses en su seno. Después le dio a luz, y creció en estatura y escogió a los apóstoles ... fue crucificado y asumido por el Padre. —Cirilo le dice: ¿En qué lugar de los cuatro Evangelios se dice que la santa Virgen María, madre de Dios, es una fuerza? —El monje responde: En el Evangelio de los Hebreos. —¿Entonces, dice Cirilo, son cinco los Evangelios? ¿Cuál es el quinto? —El monje responde: Es el Evangelio que fue escrito para los Hebreos.
...
Cuando ellos le pusieron en cruz, el padre le asumió hacia sí en los cielos. (fragmento copto publicado por V. Burch)
(Añadiduras a códices cursivos griegos de San Mateo)
Glosas que reproducen el 
42. El Judaico no dice en la ciudad santa, sino en Jerusalén. (In Mt. 4,5: cod. 566 Tisch.)
43. Bariona]: El Judaico: hijo de Juan. (In Mt. 16,17: cod. 566; 30; 77)
44. El Judaico dice así después de setenta veces siete: Pues también en los profetas, después de haber sido ungidos con el espíritu Santo, se encuentra pecado. (cod 566; 77 175; In Mt. 18,22)
45. El Judaico: y negó y juró y echó maldiciones. (In Mt. 27,65: cod. 566; 30; 77 175 370 371)
46. La palabra  no aparece en ciertos ejemplares (códices), ni en el Judaico. (In Mt. 5,22: cod. 30)
47. El Judaico en este punto dice así: Si estáis en mi regazo y no hacéis la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, yo os arrojaré de mi seno. (In Mt. 7,5: cod. 30)
48. El Judaico: más [prudentes] que las serpientes. (In Mt. 10,16)
49. El Judaico dice: es saqueado. (In Mt. 11,12: cod. 30)
50. El Judaico: te doy gracias. (In Mt. 11,25: cod. 30)
51. El Judaico no dice: tres [días y tres noches]. (In Mt. 12,40: cod. 175)
52. El Judaico: el Korbán, en el que vosotros saldréis beneficiados por nosotros. (In Mt. 15,1: cod. 30)
53. Lo señalado con asterisco no está en los otros, sinó en el Judaico. (In Mt. 16,2s.: cod. 30)
54. El Judaico: Y les puso a su disposición gente armada que se pusiera al frente de la gruta y le hiciera guardia de día y de noche. (In Mt. 27,65: cod. 30)
 
Fuente: Los Evangelios Apócrifos

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA MAGIA NEGRA (Libro II)

LA MAGIA NEGRA

(Libro II)

"Extracto de algunos Libros Rarísimos de Magia Cabalística y Natural"


Indice

Introducción - Nombres de los espíritus infernales - Jerarquía de los espíritus infernales Descripción de los principales espíritus infernales - Procedimiento para realizar el pacto con el espíritu infernal - El secreto de la gallina negra


Introducción

Entre estas obras maravillosas ocupan indisputablemente primer lugar el "Gran Grimorio" y el "Enchiridion Leonis papae". Los dos son propiamente el ritual y el breviario de los magos. El primero tiene por título "Gran Grimorio o arte de conjurar los espíritus celestes, aéreos, terrestres o infernales, con el verdadero secreto de hacer hablar a los muertos, de ganar siempre que juega a la lotería, de descubrir tesoros ocultos, etc".
La palabra "Grimorio", viene, según dicen, del italiano "Rimario", como quien diría: composición de versos. Los antiguos estaban persuadidos de que los versos coadyuvaban la fuerza de las operaciones mágicas; por esto las llamaban "incantatationes", de donde hemos formado la palabra "encanto", porque según hemos dicho antes, en ellas se empleaban la poesía y el canto.
El "Gran Grimorio" ha sido sacado de diversas fuentes y extractado de diferentes autores, entre otros de "La sagrada magia que Dios comunicó a Abraham a su Laneth y traducida del hebreo el año 1458", y después de las "clavículas de Salomón (Clavicula Salomonis ad filium roboam)".
La edición que tenemos a la vista consta de dos partes.
La primera comprende cuatro capitulos precedidos de un Preludio y seguidos de una alocución al lector, que es una especie de post-facio. Los dos primeros capítulos consisten en instrucciones preliminares, por medio de las cuales se adquiere la aptitud para operaciones mágicas. El tercero contiene la verdadera composición de la varilla misteriosa o bastón fulminante. Y el cuarto una verdadera representación del gran círculo cabalístico. Este último capítulo es por sí solo más del doble que los otros, y contiene además las fórmulas de ofrenda y de apelación al espíritu, con las respuestas y promesas del espíritu en italiano. La segunda parte comprende el verdadero "Sanctum Regnum" de la Clavícula, o la verdadera manera de hacer los pactos, con plegarias y oraciones en francés y en latín sobre el particular, y finalmente los Secretos del arte mágico del gran Grimorio.

Nombres de los espíritus infernales

He aquí los nombres de los principales espíritus infernales y la índole de sus funciones.

Lucifer - Emperador

Belzebú - Príncipe

Astarot - Gran Duque

Vienen luego los espíritus superiores que están subordinados a los antes mencionados:

Lucífago - primer ministro

Satanachia - gran general

Agaliarept - capitán general

Fleuretty - teniente general

Sargatanas - jefe superior

Nebiros - mariscal de campo

Estos grandes espíritus dirigen, por su poder, toda la potencia infernal que les está concedida. Tienen además, a su servicio, otros dieciocho espíritus subordinados

Jerarquía de los espíritus infernales

Después de haber indicado los nombres de los dieciocho espíritus anteriores, que son inferiores a los indicados antes, será bueno prevenirnos de lo que sigue:
Que "Lucífago" manda sobre los tres primeros, que se llaman Bael, Agarés y Marbas.
"Satanachia" sobre Pruslas, Aamon y Babatis.
"Agaliarept" sobre Buer, Gusoin y Botis.
"Fleuretty" sobre Bathim, Pursan y Abigar.
"Satarganas" sobre Loray, Valefar y Foran.
"Nebiros" sobre Ayperos, Neburus y Glasyabolas
Y aún cuando hay todavía millones de espíritus que estan todos subordinados a los dichos, es inútil nombrarlos, porque no se les emplea sino cuando a los espíritus superiores se les antoja hacerles trabajar en su lugar, porque se sirven de todos estos espíritus inferiores como si fuesen criados o esclavos. Así pues, haciendo pacto con uno de los seis principales, que podéis necesitar, no os importe qué espíritu ha de serviros. Sin embargo, suplicad siempre al espíritu con quien pactéis, que emplee uno de los tres principales subordinados a su servicio.
  1. Bael
  2. Agares
  3. Marbas
  4. Pruslas
  5. Aamon
  6. Babatis
  7. Buer
  8. Gusoin
  9. Botis
  1. Bathim
  2. Pursan
  3. Abigar
  4. Loray
  5. Valefar
  6. Foran
  7. Ayperos
  8. Neburus
  9. Glasyabolas

Descripción de los principales espíritus infernales

He aquí precisamente las potencias, ciencias, artes y talentos de los espíritus antes nombrados, a fin de que el que quiera formar un pacto pueda encontrar en cada uno de los talentos de los seis espíritus superiores el que sea menester.

Lucífago Rofacale

El primero es el gran "Lucífago Rofacale", primer ministro infernal. Tiene el poderío que "Lucifer" le ha dado sobre todas las riquezas y todos los tesoros del mundo. A sus órdenes militan Bael, Agares y Marbas y muchos otros millares de demonios y espíritus subordinados.

Satanachia

El segundo es el gran "Satanachia", gran general. Tiene el poder de someter a él todas las mujeres y todas las muchachas y hacer con ellas lo que se le antoja. Bajo sus órdenes están Pruslas, Aamon y Barbatis y la gran legión de los espíritus.

Agaliarept

Capitán general, tiene el poder de descubrir los secretos más recónditos en todas las cortes y todos los gabinetes del mundo; descubre también los grandes misterios. Manda a la segunda legión de espíritus y tiene inmediatamente a sus órdenes a Buer, Gusoin y Botis.

Fleuretty

El cuarto, "Fleuretty", teniente general, tiene el poder de hacer la obra que se desea, durante la noche; hace también caer granizo donde él quiere. Manda un cuerpo considerable de espíritus y tiene subordinados a Bathim, Pursam y Abigar.

Sargatanas

El quinto, "Sargatanas", jefe superior, tieen el poder de haceros invisible, de transportaros a todas partes, de abrir todas las cerraduras, de haceros ver todo cuanto ocurre en el interior de las casas y de enseñaros todas las mañas y astucias de los pastores. Ordena a muchas brigadas de espíritus y tiene a sus inmediatas órdenes a Loray, Valefar y Foran.

Nebiros

El quinto, "Nebiros", mariscal de campo e inspector general, tiene el poder de hacer enfermar a quien se desee, hace encontrar la mano de gloria, enseña todas las cualidades de los metales, de los minerales, de los vegetales y de todos los animales puros e impuros. También posee el arte de predecir el porvenir, siendo uno de los mayores nigrománticos de todos los espíritus infernales. Va a todas partes, es inspector de todas las milicias infernales y tiene a sus órdenes a Ayperos, Neberus y Glasyabolas.
Tal es el personal que constituye el estado mayor de la milicia infernal.

Procedimiento para realizar el pacto con el espíritu infernal

Ahora, para hacerse obedecer de toda esta jerarquía, la primera cualidad requerida es saber componer el bastón fulminante y el círculo cabalístico.
Empezaréis la antevíspera del pacto yendo a cortar, con un cuchillo nuevo que no haya servido, una varilla de nogal silvestre precisamente en el momento en que el sol aparece en el horizonte. Hecho esto, os proveeréis de una piedra "ematilla" y de cirios benditos, y elegiréis en seguida un sitio para la ejecución, en el que nadie venga a interrumpiros. Podéis hacer, si queréis, el pacto en una habitación aislada, en alguna choza o en un viejo castillo ruinoso, porque el espíritu tiene el poder de transportar allí el tesoro que le place.
Así dispuestos, trazaréis un triángulo con vuestra piedra ematilla, y eso únicamente la primera vez que hagáis el pacto. En seguida colocaréis dos cirios benditos en un lado con el Santísimo Nombre de Jesús; para que los espíritus no puedan dañaros, y después pondréis en medio del triángulo, teniendo en la mano la varilla con la gran apelación al espíritu, la clavícula, la petición que queráis hacerle, co el pacto y la respuesta del espíritu tal como se transcribe luego.
Habiendo ejecutado lo que acabo de deciros, empezaréis a recitar la apelación siguiente, con esperanza y firmeza

Gran apelación a los espíritus con los que se desea formar un pacto

"Emperador Lucifer, señor de todos los espíritus rebeldes, ruégote que me seas favorable en la apelación que hago a tu gran ministro Lucífago Rocafale, deseando hacer pacto con él. Ruégote también, príncipe Belzebú, que me protejas en mis empresas. ¡Oh conde Astarot! séame propicio y haz que en esta noche el gran Lucífago se me aparezca bajo forma humana y sin ningún hedor y que me conceda, por medio del pacto que voy a presentarle, todas las riquezas que necesito - ¡Oh, gran Lucífago! ruégote que abandones tu morada, en cualquier parte del mundo, que te encuentres, para venirme a hablar; si no te obligaré por fuerza del gran Dios vivo, de su excelso Hijo y del Espíritu Santo. Obedéceme prontamente o serás eternamente torturado por la fuerza de las potentes palabras de la Gran Clavícula de Salomón, de la que servía para obligar a los espíritus rebeldes a admitir su pacto; así, pues, aparécete cuanto antes o voy a atormentarte continuamente por las fuerzas de las potentes palabras de la Clavícula : 'Agión, Tetragram, vaycheen, stimilamato y ezpares, retragammaton oryoram irion erglión existión eryona onera brasin movn messia, soler Emmanuel Sabast Adonay' te adoro, te invoco"
Podéis estar seguros de que tan luego como hayáis leído las poderosas palabras antes indicadas, aparecerá el espíritu y os dirá lo que sigue:

APARICION DEL ESPIRITU

Heme aquí : ¿Qué me quieres? ¿Por qué turbas mi reposo? Respóndeme.
Lucífago Rofacale

PETICION AL ESPIRITU

Te he llamado para pactar contigo y a fin de que me enriquezcas cuanto antes; sino, te atormentaré con las potentes palabras de la Clavícula.
N.N.

RESPUESTA DEL ESPIRITU

No puedo acceder a tu demanda sino a condición de que me vendas tu alma y tu cuerpo para dentro de veinte años, a fin de hacer yo de ellos lo que más me plazca.
Lucífago Rofacale
Entonces le echáis vuestro pacto, que debe estar escrito de vuestro propio puño, en un pedazo de pergamino virgen, y el cual consistirá, a poca diferencia, en la siguientes palabras firmadas por vuestra rúbrica y con algunas gotas de vuestra propia sangre:
"Prometo al gran Lucífago recompensarle dentro de veinte años de todos los tesoros que me dé. En fe de lo cual he firmado. - N.N. "

NEGATIVA Y DESAPARICION DEL ESPIRITU

 No puedo conceder tu demanda.
Lucífago Rofacale
Entonces, para obligar al enemigo a obedeceros, volveréis a leer la gran interpelación con las terribles palabras de la Clavícula, hasta que el espíritu reaparezca.

SEGUNDA APARICION DEL ESPIRITU

¿Por qué vuelves a atormentarme? Si me dejas en reposo, te daré el tesoro más precioso, a condición de que me consagres una moneda todos los primeros lunes de cada mes y que no me llamarás sino un día de cada semana, a saber: desde las seis de la tarde hasta las dos de la noche. Recoge tu pacto; ya lo he firmado, y si no cumples tu palabra, serás mío dentro de veinte años.
Lucífago Rofacale

RESPUESTA AL ESPIRITU

Acojo tu demanda a condición de que me darás el más precioso tesoro para podérmelo llevar enseguida.
N.N.

RESPUESTA AL ESPIRITU

Sígueme y tomarás el tesoro que voy a enseñarte.
Lucífago Rofacale
Entonces seguiréis al espíritu por la ruta del tesoro que está indicada en el triángulo de los pactos, sin amedrentaros, y echaréis vuestro pacto firmado sobre el tesoro; tocándolo con vuestra varilla, tomaréis de él cuanto podáis y regresaréis, andando de espaldas, al triángulo. Dejaréis en él vuestro tesoro ante vos y empezaréis en seguida a leer el despido del espíritu, tal como se indica:

DESPIDO DEL ESPIRITU

¡Oh, gran Lucífago! Contento estoy de ti por el presente; déjote en reposo y te permito que te retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente con las grandes y poderosas palabras de la Clavícula del rey Salomón, por las que se fuerza a obediencia a los espíritus rebeldes".
N.N.

El secreto de la gallina negra

Un libro de la misma índole que el Grimorio es otro cuyo título está así concebido: "El verdadero Dragón rojo, o arte de conjurar a los espíritus celestes, aéreos, terrestres o infernales, con el secreto de hacer hablar a los muertos, de ganar siempre que se juegue en la lotería, de descubrir los tesoros ocultos, etc. seguido de la gallina negra, cábala desconocida hasta nuestros días".

El famoso secreto de la "Gallina negra", secreto sin el cual no puede contarse con el éxito de cábala alguna, estaba perdido desde hacía largo tiempo. Empero, después de minuciosas investigaciones, lo hemos encontrado, y las pruebas que de él hemos hecho para asegurarnos de que era efectivamente el que buscábamos, han correspondido a nuestra esperanza. Así pues, hoy día nada nos queda que desear, y si lo transcribimos aquí es sólo con el objeto de hacer compartir nuestra dicha a los que tengan el valor de imitarnos.[Nota: Esta última frase aparece en el original. No es de nuestra autoría]
Tomad una gallina que no haya puesto huevo todavía y que esté virgen de gallo. Haced de modo que al tomarla no grite, y para ello a las doce de la noche, cuando duerma, cogedla con el cuello, que sólo apretaréis lo necesario para impedir que chille. Dirigíos desde el camino real donde crucen dos sentadas, y allí, a medianoche, trazad un círculo con una varilla de ciprés, colocaos en el centro del círculo y cortad en dos partes el cuerpo de la gallina, pronunciando tres veces estas palabras: "Eloim Essaim, frugativi et appellativi"; volved en seguida la faz hacia el Oriente, arrodillaos y recitad la oración evocatoria. Entonces se os aparecerá el espíritu tomando inmundo vestido con un frac escarlata galoneado, un chaleco amarillo y unos calzones verdes. Su cabeza se parecerá a la de un perro, con orejas de asno y coronada con dos cuernos; sus piernas serán como de vaca. Os pedirá vuestras órdenes; dádselas como tengáis a bien, porque no podrá negarse a obedeceros y así podréis haceros el más rico y por consiguiente de todos los mortales. Así soy yo.


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